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Cuaderno de bitácora. Quedan 29 días. La operación ‘pipistop’ va para largo

Rue de l'Étuve - Stoofstraat, Bruxelles - Brussel, België

Esto va a ser muy complicado. El verano pasado ya intentamos quitar el pañal a Simón por la noche sin éxito y hemos vuelto manos a la obra. Pero no hay manera. Personalmente creo que está tan dormido que no se entera. De hecho, le da igual estar meado hasta las cejas que, salvo que le escueza, ni se inmuta.

Espero que no me flaqueen las fuerzas e intentaré llegar hasta el final, aunque he de reconocer que si no sale de manera espontánea… Vamos, que pienso que el niño tiene que estar preparado. Tiene que sonar el ‘clic’ en su cerebro que le dé la orden para llamar a mamá antes de mearse encima. Y no veo que eso vaya a suceder a corto plazo.

He hablado con él por la noche. Le he insistido hasta la saciedad para que me llame. Pero nunca me llama. Sólo lo hace cuando ya se lo ha hecho encima.

He probado a ponerme el despertador y levantarle dos veces por la noche. Pero solo he llegado a tiempo en dos ocasiones. Un desastre. Sábanas para arriba, sábanas para abajo… Al menos he de recononocer que no he perdido los papeles. Porque Elena dormida es un monstruo en potencia que tiene muy mala baba.

He probado a ponerle caritas tristes cuando se mea encima. Pero no ha servido de mucho y, aunque el capitán no está de acuerdo, paso de las pegatinas y de las caritas tristes. Encima de que el pobre no lo hace a propósito tampoco voy a machacarle por ello.

Ya saldrá. Mañana, pasado, el mes que viene o el año que viene.

Entretando, esta noche tengo dos citas con el grumete. A la 1 y a las 4 de la madrugada, así que corto y cambio.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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