0

Cuaderno de bitácora. Quedan 31 días. Vamos, lo que viene siendo un mes

super-raton

Un mes. Ése es el tiempo que falta para el regreso definitivo del capitán.

Parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. Yo me imaginaba que volaría, pero esto ha ido a la velocidad de la luz, y no me puedo alegrar más.

Aún me acuerdo de la sensación en el estómago que tuve cuando se marchó la primera vez y cómo me prometí no llorar. Era una viaje de vuelta. Y el regreso está a la vuelta de la esquina.

Igual para mí, seis meses no es tanto tiempo. Total, ¿qué son 6 meses sobre 37 años? Una nimiez. Pero, por ejemplo, en la vida de Simón, que mañana cumple 4 años, es un munto. En concreto, un octavo de su vida, que ya es. Así que supongo que la percepción que pueden tener ellos del paso del tiempo será muy diferente a la mía.

Y, cuando regrese el capitán, él también lo notará, por supuesto. Simón es mucho más mayor. Medio año más mayor que cuando se fue. Y Nicolás estará ya muy cerca de cumplir seis años. Un minhombrecito que empieza a tomar sus propias decisiones y realmente independiente.

Así que realmente mañana empieza la verdadera cuenta atrás. 30, 29, 28, 27…

Espero llegar de una pieza hasta el final. Las últimas semanas están siendo agotadoras.

Ya le dije al capitán, no creo que en el tiempo que nos falta para vernos me vaya a dar un jamacuco.

Aunque no lo descarto en cuanto regrese y yo baje la guardia.

Así que a vitaminarse y mineralizarse.

Ah, y a dormir bien. Que buena falta me hace.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *