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Cuaderno de bitácora. Quedan 35, 34, 33 días. Sí, hoy toca 3×1

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He perdido la cuenta.

La última semana ha sido realmente estresante con el cumpleaños del grumete Simón a la vuelta de la esquina. Y, aunque me propuse escribir todos los días desde que se marchó el capitán y hasta ahora lo había hecho, los dos últimos días me ha resultado imposible por puro agotamiento. Nunca me duele la cabeza, y esta vez tampoco, pero llevo varios días con una presión en la nuca que no es normal.

Así que, para evitar males mayores, aquí va un 3×1. Vamos, un post que vale por tres días. Y listo.

Sí. El cumpleaños del pequeño de la casa está a la vuelta de la esquina y hemos querido preparle una fiesta como se merece. En el parque, con algunos de sus amigos del cole y del barrio. Y, aunque no he montado la megafiesta, había unas cuantas cosas que comprar y muy poco tiempo para hacerlo. Si por lo general me limito a observar un poco de lejos el sofá cuando entro en casa, lo de esta semana ha sido de nota. Ni lo he olido.

Así que cuando el viernes me metí en la cama estaba totalmente reventada y agotaba. Y no me he sentido ni con fuerzas ni con ganas de actualizar el blog.

Y es que el esfuerzo de preparar el cumpleaños ha sido doble al  no estar el capitán. Y, aunque los contramaestres -los cuatro-, me han ayudado muchísimo, le he echado mucho de menos. En todos los sentidos. A la hora de organizarlo todo, y, por supuesto, a la hora de compartir este día con él. Pero ha estado muy muy presente.

No obstante, el esfuerzo ha merecido la pena. Los niños se lo han pasado genial. Se han reído, han llorado, han jugado. Han comido poco, se han hinchado a chuches y se han peleado en la piñata. Vamos, lo normal. Y, supongo que con tanto azúcar habrán llegado como motos a sus casas.

Simón necesitará varias vidas para poder jugar con tanto juguete. Y, yo muchas horas de sueño para reponerme del cansancio. Porque hay que ver lo que te revientan estos eventos. Así que, sintiéndolo mucho, corto y cambio por ahora.

Mañana, o mejor dícho, el lunes, volvemos a la carga.

Me he ganado un fin de semana de desconexión. Aunque, eso sí, lo de salir a correr, lo siento pero no lo perdona.

Pero ahora, corto y cambio

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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