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Cuaderno de bitácora. Quedan 36 días. Operación ‘pañales fuera’

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Empezamos la operación ‘popístop’ o ‘pañales fuera’.
Con Nicolás fue realmente sencillo lo de quitarle el pañal por las noches, pero con Simón, todo está siendo algo más complicado.
Durante el día, ni un solo problema, pero por la noche, o aún no está preparado o pasa totalmente de despertarse para ir a mear.
Pero, ¿cómo saber si lo está haciendo a posta o no? Realmente complicado.
Hace un par de noches tuve que cambiarle dos veces el pañal porque se había hecho pis y le escocía. Cuando me llamó por tercera vez me negué a ponerle el tercer pañal en una sola noche.
¿Qué hago?
1.- Que se quede con el pañal meado y si le escuece, que se aguante
2.- Seguir como hasta ahora y cambiarle el pañal a demanda.
3.- Intentar cambiarle el pañal.
Pues he elegido la opción número 3. Y, aunque lo afronto con ganas, no estoy en absoluto confiada ya que ya intentamos quitarle el pañal el año pasado sin suerte.
He hablado con él y le he explicado cómo lo vamos a hacer.
1.- Vamos a crear una cuadricula de lunes a domingo.
2.- Si te levantas con el pañal seco o me llamas para hacer pis, ponemos una pegatina.
3.- Si te hace pis en la cama, carita triste.
Hemos empezado hoy y ha tocado carita triste. Así que me ha montado una buena bronca. Vega a llorar, “no quiero carita triste buaaaa”.
Así que me temo que va a ser duro.
Sobre todo porque su hermano también tiene su propia cuadrícula. En su caso, conseguir que, una vez contado el cuento, sea capaz de quedarse solo dormido. Y él hoy ha tenido una pegatina. Así que doble mosqueo por parte de Simón.
Confío en que de esta manera, sea consciente de que si consigue más pegatinas que caritas tristes tendrá un premio y eso le anime a pedir el pis por la noche. Pero, en serio, no confío demasiado en ello.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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