0

Cuaderno de bitácora. Quedan 46 días. “Mamá, me quiero casar pero sin besarme”

just-wed-736245_1920

Cómo molan los grumetes, sus ocurrencias, su manera de ver el mundo de los adultos.

“Mamá, ¿a qué edad puedo ser papá?”

“A partir de los 18, cuando quieras. Bueno, mejor más tarde. Pero, ¿para qué quieres ser padre?”

“Para mandar”.

Tal cual. Jajaja. Fue la conversación de vuelta a Madrid del domingo con Nicolás. Quiere ser mayor y que su madre deje de mandarle para mandar él, y piensa que si es papá, podrá mandar.

Así que esta noche hemos tenido la segunda parte de la conversación. Eso sí. Muy breve.

“Mamá. De mayor quiero casarme pero sin besarme”.

“¿Y sabes ya con quién quieres casarte?”

“Aún no”.

“No importa Nicolás. Yo solo quiero que seas feliz”.

Zzzzzzzzzzzzzzz

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *