0

Cuaderno de bitácora. Quedan 49 días. Una de Star Wars y de Keylor Navas

tfa_poster_wide_header_adb92fa0

Hay que ver la influencia que ejercen los amigos en los gustos e inquietudes de tus hijos. En las últimas semanas, el grumete Nicolás se ha hecho fan del fútbol y de Star Wars.

En casa, como ya sabéis, no se ve fútbol. Mientras que de Star Wars hemos visto con ellos solo una película.

Sin embargo, uno de los amigos del cole de Nicolás es fan de ambas cosas y le ha transmitido toda su pasión. Hasta el punto de que, antes incluso de ver la última de las películas ya sabía quién era cada uno de los personajes, si eran buenos o malos y lo que iba a pasar.

“¿Y eso cómo lo sabes?”

“Porque me lo ha dicho Daniel”.

Así que esta semana los grumetes han visto en la tele su primer partido de fútbol y ayer aprovechamos para ver la última de Star Wars. La verdad es que me gustan las de toda la vida, pero las nuevas, como que no me llaman la atención. Pero si Nicolás quiere verlas, pues a verlas. Estar todos los días viendo dibujos animados puede acabar volviendo loco a cualquiera.

Este aluvión de información, sin embargo, a veces provoca ciertos malos entendidos o confusiones. Como que piense que Chewaka es malo o “un manta”  -que no Nicolás, que Chewaka es bueno, por mucho que Dani diga lo contrario. Me lo vas a decir a mí…-

O que piense que Keylor Navas es de Star Wars. “¿Es del equipo de los buenos o de los malos?”

“Nicolás, es un jugador de fútbol”.

“Que no, mamá. Que me ha dicho Daniel que es de Star Wars”.

“Lo que tú digas, Nicolás. Lo que tú digas”.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *