1

Cuaderno de bitácora. Quedan 50 días. Al César lo que es del César, Simón es un amor

picture_1456169018018

Estoy un poco preocupada porque desde que escribo este cuaderno de bitácora Simón sale muchas veces muy mal parado. Menuda fama le estoy granjeando al enano. Y no creo que sea justo.

Es cierto que es un pillo, pero también es un amor, extremadamente cariñoso, muy simpático e inteligente. Le ha tocado ser el pequeño. Le ha tocado esperar su turno, compartir la atención de sus padres, tener que lidiar día a día con un hermano mayor que él, y eso tampoco tiene que ser fácil

Además, a pesar de ser casi dos años más pequeño que su hermano, le exijo lo mismo que a Nicolás. Espero que me obedezca igual, que se comporte igual y no puede ser, tanto por la diferencia de edad como por su carácter, totalmente diferente al de su hermano. Y tiendo a olvidarlo con frecuencia.

Simón tiene carácter y mucho genio -según mi madre es clavadito a mí cuando era pequeña-. Pero cuando vamos a algún sitio es un santo. Obedece, no rechista… es un angelito. Hoy, por ejemplo, hemos ido a la peluquería a cortarles el pelo y ni se ha inmutado. Ni un solo problema, ni la más mínima queja. Y así siempre que vamos a la biblioteca, al teatro o donde quiera que toque.

Así que no es justo que al pobre le esté asignando una etiqueta que no le corresponde. Porque toda la mala leche que me genera tantas veces, la anula por completo a base de besos y abrazos espontáneos y palabras de carino. “Mamá, te quiero”.

Y yo te adoro, mi niño.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

One Comment

  1. Guapaaaa, que no habia ninguna duda al respecto. Mi hija es un bicho…pero es muyyy buena niña….y para mi es la mejor niña del mundo….pero cuando tiene el dia malo…..ojitoooo…..
    Las madres sabemos muy bien lo que decimos ( ahhhhh y cuenta a todo el mundo que su mama va a correr por la noche , despues de prepararla la cen…jajajajajaja…es un cieloooooo !)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *