0

Cuaderno de bitácora. Quedan 64 días. Abducida por la tele

tv-1015427_1920

Ya me lo advirtió el capitán: “Nada de tele en la habitación”. Pero fue comprar la tele grande y la pequeña se vino p’al dormitorio. Y claro, pasa lo que pasa. Que una se engancha a cualquier gilipollez y se acuesta a las mil.

Bueno, en realidad trabajo o escribo el cuaderno de bitácora -o simplemente estoy pegada a la pantalla de la tablet-, mientras tengo como telón de fondo la televisión.

Me hipnotiza, embelesa y paraliza y soy incapaz de coger el mando y apagar la tele. Me quedo embobada mirándola, aunque lo que estén echando me parezca una absoluta idiotez. Pero estoy como abducida y no puedo hacer el simple movimiento de coger el mando y apagar la tele. Mi cerebro lo piensa pero la orden no llega hasta el brazo.

Y esta situación ha ido en aumento sin el capitán. Porque él no me lo permitía o yo, por no molestarle, la apagaba mucho antes.

Ahora no. No tengo quien me dé una colleja y me regañe y, claro, pasa lo que pasa. Duermo poco y mal. Porque cuando por fin mi cerebro vuelve a la realidad estoy acelerada y sobreexcitada. Por estar tecleando hasta las tantas de la mañana y por el runrún de la televisión.

Cuando suena el despertador cada mañana me quiero morir y siempre pienso lo mismo. Mañana, a las 10, en la cama. Y nada de tele. Pero nada, que no hay manera.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *