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Cuaderno de bitácora. Día 46. Venga planes de fines de semana, venga planes

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Si había algo que me preocupaba de quedarme sin el capitán a bordo era cómo entretener a los grumetes durante todo el fin de semana. Pensar en pasarme los próximos seis meses demasiado tiempo encerrada con ellos me ponía los pelos de punta, la verdad. En casa se pegan, se aburren, te la lían, te cabreas y, finalmente, te vuelves loca.

Lo cierto es que el capitán y yo siempre hemos hecho cosas con los grumetes, pero, por supuesto, no todos los fines de semana. De hecho, escaparnos un par de fines de semana al mes a Segovia a ver a los contramaestres, ya contaba como un plan con los niños.

Así que realmente me agobiaba hacer cosas con ellos y no por el hecho en sí de hacer planes con ellos, sino de enterarme de qué hacer, dónde buscar, dónde informarme… Si ya de por sí soy un desastre y no tengo tiempo para nada, como ocuparme también de esto.

Afortunadamente, todo ha venido bastante rodado. Que si un día al parque de atracciones, que si otro al zoo, que si vamos al teatro, a un concierto, al parque de bolas o de cumpleaños… En estos 46 días los planes han ido llegando solos. Ya sea porque los he buscado o porque alguien me ha hablado de ellos. Planes cerca de casa, sencillos, divertidos, para todos los bolsillos… Vamos, que más o menos nos estamos apañando bastante bien.

De hecho, no paro. Hasta el capitán me ha dicho en alguna ocasión que eche el freno.

Pero yo, encantada. ¿Qué tocará el próximo finde?

Sí, aún queda mucho, pero no quiero que me pille el toro y ya tengo un par de ideas en mente…

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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