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Este año los Reyes Magos se han adelantado un poquito… ducha en el curro

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Sin duda, es una de las grandes sorpresas de la recta final del año, una noticia de las buenas. Nos han puesto ducha en el trabajo. Después de meses -qué digo, años- de súplicas, el sueño de unos pocos compañeros de curro y el mío se ha hecho realidad. Y, como no podía ser de otra manera, ya la he estrenado. Eso sí, de momento, con agua fría. A ver si ahora que por fin han eescuchado nuestras súplicas, me iba a frenar ese pequeño detalle, jajaja.

A muchos de mis compañeros de trabajo lo de la ducha les parece una auténtica frikada y, sin embargo, para mí, el hecho de contar ahora con ella es uno de los mejores regalos que podían hacerme. Llega en el mejor momento posible.

20151216_140834A lo largo de estos diez años, mis horarios y días de entrenamiento han fluctuado muchísimo. Antes de tener a los niños, nunca madrugaba para correr. Siempre salía con Tony por las tardes-noches. Cuando Nicolás y Simón nacieron, eso cambión. Llegaron los madrugones, iba al gimnasio a última hora de la tarde… Siempre he ido adaptando los entrenamientos a mi situación personal. A los horarios de la guardería, del cole, del trabajo de mi marido…

Y ahora, esta ducha va a poder permitirme, o al menos eso espero, poder seguir corriendo durante los próximos seis meses que se presentan realmente duros porque Tony vuela a tierras inglesas y me quedo sola con los niños. Aunque voy a tener algo de ayuda por parte de mis padres y de mis suegros, lo cierto es que correr pasa ahora mismo a un segundo plano. Lo más importante es estar con los peques y atender sus necesidades. Además, los días que esté sola con ellos, salir a correr no es una opción. Así que la hora de la comida parecía el único momento posible para poder seguir corriendo algo y, gracias a esta ducha, podré hacerlo siempre que pueda. Y además, tengo la fortuna de poder hacerlo en uno de los grandes pulmones de Madrid: la Casa de Campo.

Y no pienso desaprovechar la opotunidad. De hecho, ya me he puesto manos a la obra.

 

 

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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