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#nohayexcusas

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Hoy ha sonado el despertador un poco antes de lo habitual. A las 6:50 la odiosa melodía y la vibración del móvil me han sacado de mi dulce sueño para recordarme que hoy tocaba correr antes de ir a trabajar.

Como suele ser habitual y, aunque me cueste horrores madrugar, no me lo he pensado dos veces, he cogido la ropa que anoche dejé preparada en la habitación y he ido al baño a cambiarme.

Me he lavado la cara con agua fría, casi de puntillas he entrado en la habitación de los niños para arroparles y he salido de casa lo más sigilosa posible.

A las 7:10 estaba apretando el botón de start de mi Garmin.

Como cuento en #confesionesdeunarunner (larousse) soy una persona muy dormilona, pero también muy trabajadora. Preferiría quedarme durmiendo -aunque en realidad no me despierto mucho más tarde en mi día a día-, pero no lo hago.

Con el trabajo, los niños y los que haceres diarios, suelo estar demasiado cansada por las tardes para salir a correr -excepto cuando toca gimnasio-, así que prefiero empezar el día con los deberes hechos.

De hecho, me resulta más doloroso salir a correr a las 8 de la tarde que a las 7 de la mañana y mi cuerpo se ha acostumbrado a ello.

Hay a quienes les parece insólito lo que hago, yo prefiero llamarlo fuerza de voluntad y constancia.

Me gusta correr. Qué digo, adoro correr y donde los demás ven excusas para no hacerlo, yo sólo encuentro razones para hacerlo.

#nohayexcusas salvo, claro está, las de fuerza mayor. Claro que he apagado en alguna ocasión el despertador porque me encuentro agotada o he decidido tomarme algún día de relax cuando me encuentro desbordada y estresada.

Pero no me dejo llevar por excusas fáciles. Si hace frío, me abrigo. Si hace calor, procuro salir por la mañana o a última hora de la tarde y si toca madrugar, pues intento irme un poco antes a dormir -aunque casi nunca lo consigo-.

Si me hubiera dejado llevar por ellas, nunca habría llegado tan lejos en muchos sentidos. Si me hubiera dejado llevar por las excusas hoy me estaría preguntando: “¿Qué habría sido de ti Elena si hace 10 años no hubieras dejado de correr?”

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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