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De mujeres y madres imperfectas

La imagen de la polémica

Desde hace ya mucho tiempo, pocas cosas de las que veo en la tele o en las revistas me sorprenden.

Doy por sentado que todo lo que sale en la televisión responde a un guión. Nada responde al azar ni a la casualidad. Desde la bronca del moderador de turno con el famosete venido a menos, hasta la metedura de pata más alucinante de la presentadora de un magazine.

De la misma manera, cada vez que veo una revista, doy también por sentado que todo, absolutamente todo, está retocado. Mujeres y hombres con cuerpos y rostros perfectos…

Lo mismo sucede con la publicidad. Todo, absolutamente todo, está manipulado. Nada es real. No sale gente fea, no sale gente con imperfecciones, no sale gente normal… Porque incluso quienes protagonizan los anuncios, quienes salen en la tele o en las revistas, tienen sus defectos. Pero, obviamente, no se ven porque socialmente nos han enseñado que no es estético, así que mejor tarparlos.

Porque, no nos engañemos, pero criticamos tanto a la modelo que sale perfectísima en una portada de moda como a la que ha sido pillada ‘in fraganti’ por los paparazzi con una lorza de más colgando o con celulitis. “Mira fulatina que gorda está, jajajaja”. Así de falsos somos a veces. Criticamos lo perfecto y también lo imperfecto, el caso es criticar, deporte nacional.

Y si no, ¿qué pasó cuando Tania Llasera reapareció con algunos kilos de más? Todo fueron críticas para ella. ¿Qué queremos entonces?

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Toda esta reflexión surge a raíz de la imagen que ilustra este post. Una modelo y mamá de veintipocos que empuja un carrito diseñado para salir a correr con su niña dentro. Se trata de un anuncio de la marca Bugaboo, con el que esta marca pretende que las mujeres, tras haber sido madres recuperen la figura pudiendo salir a correr con su bebé. No parece mala idea, ¿no? Pues la manera de transmitir el mensaje, ha incendiado las redes sociales.

La polémica surge por varios motivos:

1.- La protagonista del anuncio luce un cuerpazo que quita el hipo y con el que muy pocas madres se sienten identificadas.

2.- La protagonista sale a correr muy ligera de ropa, con lo que la atención del anuncio, en lugar de centrarse en el carrito para correr, se centra en ella y en su cuerpo escultural.

Está claro que el anuncio ha conseguido lo que pretendía, que se hable de él. “Que se hable de ti aunque sea mal”, dice el refranero popular. Pues eso.

Pero vayamos por partes. Respecto al primer punto, he de decir que a mí, este tipo de anuncios no me sorprenden en absoluto. La mujer, como tal, ha desaparecido en los medios de comunicación. su imagen está totalmente sexualizada y cosificada. Incluso en los anuncios más escatológicos -pan y yogures para ir al baño o cremas para las hemorroides-, se utiliza una imagen de mujer perfecta, siempre bien peinada, vestida y maquillada. Y lo mismo sucede con el hombre, pero quizás es mucho más evidente, insultante y denigrantes con las mujeres.

Estoy tan acostumbrada a esta ‘sexualización’ de la mujeres que, si os digo la verdad, ya ni me doy cuenta. Con esto no quiero decir que me dé igual, simplemente, lo ignoro o procuro no ver anuncios o programas o comprar revistas que lo fomentan. Desde hace mucho tiempo he aprendido a quererme como soy, con mis múltiples defectos y virtudes. No aspiro a tener ni la piel ni el cuerpo de una supermodelo. Nunca podré ser como ninguna de ellas, pero tampoco quiero serlo, por mucho que las revistas o la televisión intenten convencerme de que debería aspirar a ser como ellas. SÓLO QUIERO SER YO MISMA, con mi propia identidad.

Respecto al segundo punto, yo soy de las que insisten en que el hecho de ser madre no significa renunciar a ser mujer, a cuidarse, a verse bien, a quererse y mimarse. Ser mujer y ser madre no deberían ser conceptos opuestos. Ser madre no tiene por qué anularte como mujer, ni mucho menos.

Eso si, cuando eres madre, durante un tiempo piensas que tu yo mujer se quedó en el paritorio. Te cuesta reconocerte en el espejo, te cuesta querer a la mujer que ves frente al espejo con unas ojeras que dan miedo, una barriga que cuelga demasiado y un culo inmenso.

Durante el embarazo, tu cuerpo va cambiando poco a poco, pero al cabo de 9 meses, el cambio es brutal. Nunca acabas de creerte lo de “las embarazadas estáis guapísimas”, ja ja ja.

Te crecen las tetas, el culo, la barriga… Los muslos doblan su tamaño y empiezas a verte mucho más redonda, en general. De pies a cabeza, como si te hubieran hinchado con uno de esos aparatos que sirven para inflar las ruedas de la bici.

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No soy como la chica de la foto, pero desde hace mucho tiempo tampoco aspiro a ello. SOY YO MISMA

Son cambios que, generalmente, no los experimentas de un día para otro, sino a lo largo de nueve meses, de tal manera que te va dando, más o menos, tiempo a aceptarlos. Pero, ¿qué pasa cuando das a luz? Pues que tienes la sensación que se han dejado a otro niño dentro de tu barriga. Durante los primeros días tras el parto, parece -y crees- que sigues embarazada y tu aspecto, en general, es bastante lamentable.

Yo he sido madre dos veces y he de confesar que tras dar a luz me costaba mirarme al espejo. El niño ya está fuera, ¿ahora cómo recupero mi cuerpo? Tengo el culo gordo, me cuelga la barriga y, lo peor de todo, tengo que seguir llevando la ropa premamá incluso después de haber dado a luz. No es justo. Ya he parido, que alguien me devuelva mi cuerpo.

Por eso, no me creo las fotos de quienes presumen de haber recuperado su figura en apenas quince días. MENTIRA COCHINA. O has aprovechado tras dar a luz para hacerte una buena liposucción, te estás muriendo de hambre, o te has puesto a hacer ejercicio como si no hubiera mañana sin importante ni un pepino el tema de la cuarentena -con el riesgo que eso puede suponer para tu salud-. No nos vendáis milongas, no es posible.

Con esto no quiero decir que una madre no pueda recuperar su figura tras el embarazo. Al contrario. Pero, obviamente, esto no se produce de la noche a la mañana. Yo he tardado aproximadamente un año en perder los kilos de más tras mis dos embarazos. No ha sido fácil, pero tampoco ha sido imposible. Podría decir incluso que tengo mejor cuerpo que antes de quedarme embarazada de mi primer hijo.

Mi cuerpo no es como el de la chica del anuncio, ni como el de una modelo. ES MI CUERPO, un cuerpo con el que me siento contenta y que me gusta lucir. No creo que deba esconderlo por el simple hecho de ser madre.

El problema de este anuncio concreto de Bugaboo es que muy poquitas mujeres se sentirán identificadas con la chica que corre con él. No es una madre real, con sus imperfecciones, con sus michelines o con el trasero algo más grande de lo habitual. Es alguien irreal que dudo siquiera que exista sin photosop. Pero no olvidemos que es un anuncio. Y como buen anuncio ha conseguido que nos fijemos en él. Aunque, yo, personalmente, habría sido más partidaria de imágenes como la de abajo.

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Por supuesto, esta imagen es mucho más realista.

Otra cosa es que les compremos el mensaje. “Cómprate este carrito y te pondrás así de buenorra”. Pues mira, no. Ya veré si me lo compro o no. Si me viene bien para ponerme en forma o no. Porque desde la experiencia ya os digo yo que este tipo de ‘utensilios’ se utilizan más bien poco. Vamos, que suelen ser una inversión muy poco rentable.

No debemos aspirar a ser como la sociedad quiere que seamos, debemos aspirar a ser nosotras mismas. A querernos con nuestros defectos y nuestras virtudes. La perfección no existe. No aspires a tener el culo perfecto, ni el cuerpo diez. Lucha por ser tú misma y a quererte tal y como eres.

 

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La principal ventaja de estos ‘cacharros’ es poder compartir con mi familia mi pasión por correr

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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