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El running es para el verano… o no

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Por extraño que parezca, sinceramente creo que el verano no es el mejor momento para iniciarse en el running.

Esta afirmación me vale, cada vez que la pronuncio, una discusión con mi otra mitad, o sea mi marido. Y como él, en esto de correr sabe mucho, seguro que lleva razón cuando me lleva la contraria. Pero yo sigo erre que erre.

Sinceramente creo que ésta no es la mejor época del año para enamorarse de este maravilloso deporte. Es más, creo que deberíamos llegar al verano habiendo superado nuestra fase de #odiototal en la que las endorfinas brillan por su ausencia y correr es lo más parecido a una tortura.

Con esto no quiero quitarte de un plumazo las ganas de ponerte las zapatillas ni pretendo, ni mucho menos, que te quedes espatarrad@ en el sofá de casa. Pero desde ya mismo te digo que no va a ser un camino de rosas. Prepárate para sufrir.

1.- Hay que madrugar y mucho. Salvo que vivas en la otra parte del mundo donde ahora es invierno o residas en un lugar totalmente ajeno a la ola de calor que todos los veranos se apodera de España, si quieres iniciarte en esto de correr te va a tocar pegarte buenos madrugones. A primera hora de la mañana -y con primera hora me refiero a las 7 de la mañana- hace incluso fresquito. Y si encima tienes la suerte de poder correr en un parque y que lo rieguen prontito, la sensación de frescor en el ambiente es palpable y se agradece.

2.- Si no te queda otra que salir algo más tarde, busca sí o sí, una zona con temperaturas mucho más agradables -junto a un río, por ejemplo- o un bosque frondoso. Y no, no estoy de guasa. En Segovia, por ejemplo, donde hay un microclima -es cruzar el túnel y la temperatura baja como cinco o seis grados-, es todo un lujo poder correr durante estos calurosos días a los pies del Alcázar. El ambiente es más fresco y además hay bastantes fuentes en las que poder refrescarse.

3.- Salir a última hora de la tarde no parece tampoco mala idea si no hay más remedio. Pero, al menos en Madrid, el calor acumulado a lo largo del día se nota mucho incluso cuando se ha ‘escondido’ el sol.

Durante las últimas tres semanas me he pegado buenos madrugones para poder llegar pronto al trabajo y, al mismo tiempo, evitar el sofocante calor. No estoy tan loca como los @drinkingrunners pero a las 7-7:30 he estado dándole a las zapatillas casi todos los días.

Quienes me conocen saben que me encanta dormir, pero mi experiencia de veranos pasados me ha hecho comprender que más vale un buen madrugón que esperar a que el sol deje de picar para salir a ‘quemar’ literalmente la zapatilla. El calor y el cansancio acumulado del día no son los mejores aliados para darte el empujón que a veces necesito para salir a correr.

1.- Hay que procurar irse pronto a dormir. Y en verano, como que no apetece tanto. Los niños se tiran hasta las mil en el parque con los amigos, cenas tarde, quedas con los amigos para tomar una cerveza con limón… Todos los astros se juntan para que nunca te acuestes antes de las 12 de la noche. Y eso, claramente se paga al día siguiente cuando suena el despertador.

2.- Si encima tienes que ir a trabajar, doble madrugón para poder salir a correr y llegar puntual al ‘curro’.

3.- Y si estás de vacaciones te preguntas, ¿qué narices hago yo levantándome tan pronto para salir a correr? ¿Nos hemos vuelto locos? Pues un poco sí, para qué nos vamos a engañar.

4.- ¿Desayuno o en ayunas? Si ya de por sí cuesta mucho madrugar para salir a correr, ni os cuento poner el despertador media hora antes para meter algo al estómago. Así que, quien escribe este post, a esas horas tan intempestivas sale a correr con el estómago vacío -un buen trago de agua no me lo quita nadie- y con medio ojo todavía cerrado del sueño. Así que rodajes suaves y no escesivamente largos. Seguro que hay algún loco que se mete series, fartleks o cuestas… no es mi estilo. Eso sí, el desayuno posterior -tras la ducha y cuando el estómago ya se ha asentado-, sabe a gloria. Conclusión: no salgo en ayunas porque piense que así quemo más calorías, sino que básicamente no me apetece madrugar más para hacerlo.

En definitiva, si ahora que tienes algo más de tiempo libre has decidido dar una oportunidad a esto de correr no olvides esto:

1.- No hagas el loco y evita las horas de más calor.

2.- Bebe, bebe y vuelve a beber. La hidratación es FUNDAMENTAL tanto antes como después de correr. Y si puedes correr por parques con fuentes, mejor que mejor. Siempre puedes parar para beber algo y refrescarte. Si corres con gorra, mójala para estar más fresquit@.

3.- Alterna correr con caminar. El cuerpo tiene que adaptarse poco a poco al ejercicio. Con media hora tienes suficiente. Como bien dice JAvier serrano en el Manual del Buen Corredor, es mejor que te quedes con ganas de repetir.

4.- No te vuelvas loco. Tres días a la semana es más que suficiente para que te inicies en el running. Cuando le cojas el gustillo y empiece a refrescar

ya irás corriendo un poquito más.

5.- Protege tu piel del sol con crema solar. Hoy en día hay cremas específicas para la práctica deportiva. Nada pegajosas y con un factor de protección lo suficientemente elevado como para que los rayos del sol no hagan estragos sobre tu piel. Yo cuido especialmente mi cara porque con el sol suelen aparecer manchas y las odio.

6.- Ve ligerit@ de ropa que nos conocemos. No porque sudes mucho vas a adelgazar más rápido. Todo el líquido que pierdas lo ganarás en varios tragos de agua. Por el contrario, corres serio peligro de deshidratarte y de que te dé un golpe de calor, y esto es muy muy serio. NO TE LO TOMES A BROMA.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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