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Vamos a contar mentiras tralará…

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Sí, como en la canción que cantábamos en el autobús cuando éramos pequeños y nos llevaban de excrusión. En el running o en el mundo del corredor popular -para no herir sensibilidades-, en ocasiones asumimos como verdades comportamientos o actuaciones que no lo son, o al menos no al 100%.

Leemos artículos con escaso rigor científico o nos dejamos llevar por el boca a boca que, en muchísimas ocasiones acaba distorsionando el mensaje inicial de quien lo emitió por primera vez. Así que, a riesgo de herir algunas sensibilidades, aquí os dejo los que, en mi opinión, son los falsos mitos en torno a este deporte más extendidos entre los corredores populares. Por supuesto, estoy abierta a comentarios y a que vosotros mismos incluyáis en esta pequeña lista los errores o equivocaciones que, con toda probabilidad me dejo en el tintero.

1.- Si trabajas la fuerza te pondrás como Hulk.  La fuerza es fundamental para evitar lesiones. En los 10 años que llevo corriendo siempre he realizado ejercicios de fuerza. De hecho, antes incluso de comenzar a correr, empecé en el gimnasio para tonificar mi cuerpo. Primero con gimnasia suave, con las jubiladas del barrio, y posteriormente con las máquinas del gimnasio. Desde entonces, SIEMPRE, trabajo la fuerza. La mayoría de las veces en el gimnasio. (Lo sé, es realmente aburrido, pero es fundamental). Y en ocasiones al aire libre: cuestas, multisaltos. Pero reconozco que desde que nacieron los niños y entreno prácticamente siempre sola, prefiero meterme en el gimnasio y darle a las máquinas. Además, hace seis meses comencé con las clases colectivas y ha sido un auténtico descubrimiento porque en media hora realizas un trabajo muy intensivo y en compañía, con lo que es mucho más entretenido. Eso sí, telita con las clases. Cuando no estás acostumbrado empiezas a lo loco y se pasa canutas para completar la clase. Así que no olvidéis dosificar la fuerza, nunca mejor dicho.

2.- Hay que respirar por la nariz. Al menos yo soy incapaz de correr respirando solo por la nariz. En alguna ocasión alguna amiga me ha dicho que no sabe respirar cuando corre, que se ahoga, que no sabe llevar el ritmo. Me la imaginaba en plan “inspiro, inspiro, expiro, expiro”. Imposible. Yo cojo aire por la boca y también lo hecho por ella -algo también por la nariz, por supuesto-. Pero sólo por la nariz no consigo que entre todo el oxígeno que necesito para correr y me ahogo. Lo mejor es que vayas probando y vayas encontrando un ritmo de respiración adecuado. En mi opinión, no hay reglas escritas al respecto.

3.- Si sudas mucho perderás más peso. Me dan los siete males cuando en pleno verano me cruzo con algún corredor que va abrigado hasta las cejas. Obviamente sudarás más, pero en cuanto llegues a casa y repongas líquidos, volverás a tu peso inicial. Corres el peligro de deshidratarte y de que te dé un yuyu y te lleves un buen susto. Así que no hagamos el tonto. Si realmente quieres perder algo de peso, tienes que ser constante y dejarte de tonterías.

4.- Es necesario meterse rodajes ultramegahiperlargos de millones de horas para preparar una maratón. Yo lo he hecho. no lo voy a negar, pero conozco a unos cuantos corredores populares que se han preparado maratones sin hacer tiradas de más de 20 kms y con muy buenos resultados -y sin tomar geles, sólo fruta, al loro-. Nos empeñamos en hacer lo que hacen los profesionales y nos equivocamos. Claro que un maratoniano profesional se hace una tirada de 30 kms. Pero en la mitad del tiempo que necesitamos el resto de los mortles para correrlos. Cuando preparé mi primera -y única maratón- Tony me dijo que no era necesario que me metiera tiradas tan largas. Solamente me permitió hacerlas por una cuestión puramente psicológica. Si en un futuro preparo otra maratón lo tendré muy en cuenta.

5.- Trabaja a tope aquellas zonas en las que quieres perder grasa. Por muchos abobinables que hagamos o por mucho que nos machaquemos a hacer sentadillas la grasa no va a desaparecer por arte de magia de nuestra tripa, culo o piernas. Es cierto que tonificaremos estas partes de nuestra anatomía, pero nuestro cuerpo decide dónde desaparece primero la grasa y dónde después. Y, sintiéndolo mucho, en los hombres la grasa más rebelde se encuentra en la tripa y en las mujeres en el culo.

6.- Hay que estirar nada más terminar de correr. Pues depende. Hay teorías que incluso te recomiendan que esperes un tiempo antes de estirar. Vamos, que te puedes ir tranquilamente a la ducha y no pasa nada. De la misma manera que también hay estudios a favor y en contra de estirar antes de empezar a correr. Yo he visto a entrenadores de atletismo mandar a sus atletas a la ducha tras una dura sesión de entrenamiento y mandarles estirar después.

7.- Correr es malo para las articulaciones. Tony siempre me dice que cuando se busca rendimiento, el ejercicio no es sano. Es decir, cuando sometemos a nuestro cuerpo a un esfuerzo brutal -dobles sesiones de entrenamiento, series, fartleks, rodajes interminables…-, estamos cruzando la línea roja. Aparcamos la salud para conseguir un objetivo. Y cuando cruzamos esa delgada línea roja, estamos expuestos a lesionarnos salvo que tomemos ciertas precauciones -como trabajar la fuerza o más sencillo, DESCANSAR, y no me refiero a decir que vamos a descansar y luego meternos un rodaje suave, sino a DESCANSAR con mayúsculas-. Es cierto que al correr sometemos a las articulaciones y a la espalda a muchos impactos. Pero también es cierto que hay estudios que avalan que la actividad física moderada es buena para huesos y articulaciones. Además, en el caso de las mujeres de cierta edad, el ejercicio moderado unido a una buena alimentación tienen enormes beneficios para la salud. Con la edad los huesos se debilitan y necesitamos un cuerpo fuerte para evitar ejercer sobre ellos una enorme presión.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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