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“Me da vergüenza salir a correr”

Las mallas pitón de Bunch Sport, son la caña -un poco bajas de tiro- y las zapas, Pearl Izumi, mis preferidas. PD. No me patrocinan ninguno de los dos, que quede claro. Me encantan.

Parece exagerado ¿no? Que alguien te diga que no quiere salir a correr porque le da vergüenza.

Me pasó el viernes pasado en la Feria del Libro de Madrid. Una chica joven, que trabajaba en la misma caseta en la que yo estaba firmando, me dijo que apenas salía a correr porque le daba vergüenza. Le sonrojaba que otros corredores la miraran mientras corría, se sentía cohibida

No me sorpendió su reflexión porque creo que es un sentimiento que muchos hemos tenido en nuestros comienzos como corredores populares.

Yo, cuando comencé a correr, como he contado en muchas ocasiones y en mi libro “Confesiones de una runner”, apenas aguantaba unos minutos corriendo. Durante esos primeros meses también pensaba que era el centro de todas las miradas. Corría a paso burra y con menos estilo que un hipopótamo. Los demás corredores me adelabtaban cual ‘correcaminos’ con su zancada grácil y ligera. Era bastante deprimente pero, al mismo tiempo pensaba que haber hecho el esfuerzo de salir a correr tenía muchísimo mérito. Peor habría sido quedarse en casa de brazos cruzados. ¿O no?

Por no hablar de la ropa. Recuerdo comprar prendas oscuras, anchas, para ocultar lo máximo posible, para enseñar sólo lo justo. Tal era mi nivel de complejo. Aunque también es verdad que cuando me inicié en esto del running, no había mucho donde elegir. La primera vez que arriesgué fue con los pantalones piratas y lo de los pantalones cortos, ya fue de nota. Malditos estereotipos sociales y malditas marcas que hasta hace dos días no apostaban un duro por el running femenino y ahora no sabemos qué elegir ante tanta oferta.

Pero volvamos al principio que empiezo a desvariar. Cuando sales a correr o vas a una carrera es inevitable fijarse en la gente que te rodea. Pero ver que alguien corre mucho más rápido que nosotros o tiene mucho mejor estilo no tiene que ser, ni mucho menos, motivo para tirar la toalla. Si acaso, motivo de inspiración que nos empuje a esforzarnos un poquito más y a superarnos cada día.

No nos engañemos. Nunca vamos a ser los más rápidos. Es posible que alguna vez ganemos alguna medalla o trofeo. Por qué no. Nunca se sabe. Pero ése no es el objetivo. O al menos no era mi objetivo ni cuando empecé a correr hace casi 10 años ni ahora, aunque corra mucho más rápido que entonces.

Aquí sí que pasé un poco de vergüenza. Fue durante la sesión de fotos que me hizo un ex compi, Isaac Cepero. Lo pasé genial, pero me costó horrores posar.

Aquí sí que pasé un poco de vergüenza. Fue durante la sesión de fotos que me hizo un ex compi, Isaac Cepero. Lo pasé genial, pero me costó horrores posar.

Por muy pedante que os pueda parecer a los que no corréis aún, no hay mayor satisfacción que superarse a uno mismo. Se trata de una competición con uno mismo. Ser capaz de aguantar 15 minutos corriendo cuando un mes antes eras incapaz de aguantar 5. Cruzar la línea de meta de tu primera carrera o hacer esos 4km que tanto te costaron la primera vez con una sonrisa en la cara.

¿Acaso importa lo que piensen los demás?, ¿auténticos desconocidos que no nos conocen ni conocen nuestras circunstancias? Además, ¿acaso tenemos el poder de leer la mente? Yo, cuando corro por el parque voy bastante a mi bola, pero os aseguro que cada vez que me cruzo con una mujer pienso “cada vez somos más. Viva por ella y viva por mí”, por qué no. Y por ellos, por supuesto.

Además, tampoco seamos egocéntricos. La gente, especialmente aquí en Madrid, va a lo suyo. Ignoran que existes, van a lo suyo, no hay saludos entre runners -me incluyo-. Vamos, que aunque pienses que todo el mundo te va a mirar de arriba a abajo, a girarse cuando pases a su lado, lo cierto es que es más que probable que ni noten tu existencia. Así que fuera complejos.

“La vergüenza no tiene que ser nunca motivo para que te quedes en casa de brazos cruzados. “Nunca dejes de correr. Por poquito que sea. Ahora te parecerá una tontería, pero dentro de diez años lo agradecerás. Ojalá yo hubiera hecho lo mismo”, le dije a aquella muchacha

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

5 Comments

  1. ¡Me reconozco en este post! Yo siempre había salido a correr con mi pareja hasta que por circunstancias él no pudo acompañarme durante un tiempo. Entonces pensé que la opción de quedarme en casa era peor que la de salir sola, así que, a pesar de la vergüenza me atreví y bajé al parque. En pocos minutos me di cuenta de que nadie me prestaba la más mínima atención y me relajé. Ahora me encanta correr sola, a mi ritmo, con mis pensamientos y mi música.
    Un saludo!

    • Somos animales de costumbres. Al principio resulta raro pero en seguida te adaptas. Además, no te queda más remedio. Me pasaba también cuando me tocaba hacer fartleks o series. Pensaba que la gente me iba a mirar e iba a pensar que estaba un poco chalada. Tenemos demasiados complejos y por qué no decirlo, un poco de ego. La gente, al menos en Madrid va a lo suyo. Además, ¿a quién le importa lo que yo haga?…

  2. Hola, tengo 13 años y quiero empezar a correr pero me da vergüenza. Que me miren y se rían de mi. Vivo en Palma de Mallorca, lo cual no es que sea una ciudad pequeña, tampoco estoy gorda (de hecho todos me dicen que estoy muy bien de peso). El hecho es que no se porque me da vergüenza salir a correr. Tengo muchas ganas de hacerlo pero no me atrevo. Algún consejo? Gracias por la atención ☺

    • Cuando comencé a correr en muchas ocasiones me sentía cohibida, y hasta hace no demasiado, me daba vergüenza hace series, fartleks o técnica de carrera en el parque. Pensaba que la gente me iba a mirar y a pensar, “pero qué hace esta mujer”. Sin embargo, desde hace tiempo he aprendido que a la vida hay que mirarla de frente, que hay que echarle un poco de morro a las cosas. Tenemos que ser los primeros en aceptarnos a nosotros mismos y a reírnos de nuestros propios defectos. A raíz de mi libro me han llamado para entrevistas en la radio y me han grabado también en vídeo y no me ha quedado más remedio que tirar hacia adelante con la cabeza muy alta. A quien no le guste, que no mire. Todavía eres muy joven y es normal que tengas ese tipo de inseguridades. Pero te animo a que venzas esa pereza y que no pienses en lo que pueden pensar los demás de ti, ¿qué más da?, ¿acaso estás haciendo algo malo? Todo mi ánimo. Un abrzo grande

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