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No es sólo cuestión de peso

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El otro día, mi amiga María me mandaba una foto por wasap. Una foto que hace cinco años, cuando la llevó a la oficina me impactó y a la que habíamos perdido la pista.

Efectivamente, se trata de la foto de la izquierda. Fue tomada en la universidad -calculo que en tercero de carrera-, así que yo tendría 20 añitos, es decir, hace 15-16 años, que se dice pronto.

La imagen de la derecha la tomó Eva M. Tomé minutos antes de situarme tras la línea de salida de mi primera maratón en marzo de 2014.

Los dos veranos siguientes perdí algo de peso durante mis prácticas en un medio de comunicación. Debido al estrés comía muy poco y bajé algo de peso.

Cinco años después conocí a Tony y empecé a correr. Lo que ha pasado desde entonces, si habéis leído #confesionesdeunarunner, ya la conocéis.

Subo esta foto por el evidente cambio físico que se aprecia entre ambas instantáneas y porque me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones:

1.- Tener unos kilos de más no tiene nada malo. Nos han impuesto unos cánones de belleza totalmente irreales e inalcanzables, pero eso no quita que queramos sentirnos bien, gustarnos. En mi caso, esos kilos de más minaban mi autoestima. No estaba a gusto conmigo misma, lo que me provocaba muchísimos complejos e inseguridades.

No conseguía asumir que había pasado de ser una niña delgada en la preadolescencia a una adolescente y joven que en muy poco se parecía físicamente a aquella muchacha. Me miraba al espejo y no me gustaba lo que veía. Pero tampoco hacía nada para remediarlo más allá de dietas absurdas con las que no llegaba a ninguna parte.

Empecé a correr para quitarme esos kilos de encima, como hacen la mayoría de las mujeres, obsesionadas siempre como estamos por nuestro peso y nuestra apariencia física. Pero no es sólo cuestión de peso, no es cuestión de llegar al peso ideal que nos marcan las revistas de moda, es quererse a uno mismo, de ser feliz con lo que ves cuando te miras al espejo. Y eso yo, personalmente, lo he conseguido gracias al running.

Un deporte, un hobby, una pasión que va más allá de ser una herramienta para moldear tu cuerpo.

#japijapi2.- Correr me ha permitido quitarme esos kilos de más, sí, pero y por cada kilo perdido, mi autoestima crecía proporcionalmente.

3.- Correr me ha enseñado a luchar por mis sueños, me ha enseñado que, por muy cuesta arriba que se pongan las cosas o por muy inalcanzables que parezcan algunos sueños, con trabajo y esfuerzo se pueden conseguir. La chica de aquella foto se habría muerto de un ataque de risa si alguien le hubiese dicho que quince años después correría una maratón y escribiría un libro para animar a todo el mundo a correr. Y aquí estoy.

4.- Además, correr me ha enseñado a ser mucho más organizada, a vencer la pereza y a exprimir al máximo mi tiempo libre, a evitar las escusas a gritar por todo lo alto “QUERER ES CORRER”.

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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