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Mi primer mil en pista

La foto es de Santi Molina, de Run Oline, que cubrió el Mitin de Atletismo Popular, un trabajazo

¿A vosotros no os pasa que después de una carrera, sea la que sea, siempre os queda la sensación de que podríais haber dado más de sí? Sí, aunque hayáis echado los higadillos nada más cruzar la meta, aun cuando en medio de la carrera os queríais morir del sufrimiento, aunque os haya salido la carrera del siglo… Según van pasando las horas, los días… a medida que tu cuerpo se recupera del esfuerzo, empiezas a analizar la carrera, lo que ha salido bien y lo que podrías haber mejorado y siempre llegas a la misma conclusión: podría haber arañado unos segundos al crono.

Por eso me he quedado con tantas ganas de volver a repetir la experiencia del pasado sábado en las pistas de atletismo de Moratalaz donde se celebró la primera edición del Mitin de Atletismo Popular, del asfalto a la pista. Me salió como estaba previsto -aunque no confiaba en conseguir el tiempo que logré 03:45,25- y, sin embargo, creo que podría haber dado un pelín más.

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Es fácil decirlo a toro pasado, ¿verdad? Por eso ya pienso en el mil del año que viene. Siempre hacia adelante porque de todo se aprende.

Pero, ¿cómo fue la experiencia?

Corría en un entorno totalmente nuevo. Bueno, casi. He entrenado en pistas de atletismo pero nunca en una competición oficial, con sus reglas, sus jueces y mucha gente pendiente de cada uno de mis/nuestros movimientos.

– Salí de la calle 8 y me costó colocarme en la calle 1. Éramos bastantes corredores -nos juntaron a chicos y chicas- y debería haber salido más rápido. Salí despistada y no aceleré lo suficiente para colocarme bien rápido. Temía tropezarme, quedarme sin fuerzas para llegar a meta, estaba despistada… A simple vista parece fácil. Ves cómo lo hacen los profesionales y parece sencillo pero hacerlo es otra historia.

Un mil es una distancia que no controlo ni mucho menos. No quería pasarme de frenada ni quedarme corta. Aunque llegué muy cansada, igual podía haber pegado el apretón final. Pero sólo igual.

– Es una distancia que no te permite improvisar. Demasiado corta para decidir si debería apretar un poquito más. Pero demasiado larga si me paso con el pie en el acelerador. En un 10.000 vas viendo cómo te encuentras, si tienes que dosificarte o si puedes apretar los dos últimos kilómetros, pero en un 1.000, cuando te quieres dar cuenta estás en meta.

– En un mil te puedes pasar de frenada o sentir que podrías haber dado un pelín más. “Si cruzas la meta y sigues en pie, podrías haber corrido más rápido” me dice Tony.

Por eso, cuento los días para repetir experiencia. Podría irme a unas pistas y correr yo sola un kilómetro, pero mola más hacerlo en grupo, como el otro día.

Esta iniciativa nos permitió a los corredores populares vivir en primera persona la experiencia de competir como los profesionales en una pista de atletismo. Con sus jueces, su cámara de llamada, su pistoletazo de salida…

#confesionesdeunarunner y servidora nos hemos vuelto inseparables

#confesionesdeunarunner y servidora nos hemos vuelto inseparables

Me tomé la prueba como cualquier carrera en la que persigo un objetivo. Tony me preparó un plan de entrenamiento de seis semanas para trabajar a tope la velocidad. Series de 200, de 400 y de 800, sesiones de fuerza en el gimnasio y rodajes rápidos.Y menudo sufrimiento con las series -con razón se las conoce popularmente como #lasputasseries-. Poco tiempo para tantas series, ¿verdad? Tiene su explicación. Mi entrenador quería que probara con las series de 800 para hacerme una idea de a lo que me enfrentaría en la pista. Más o menos como hacer tiradas de 30 kilómetros para la maratón. No son, ni mucho menos necesarias, pero te sirven a nivel psicológico.

Sólo pude seguir a rajatabla el plan durante tres semanas -el libro, el curro, los niños, el cansancio y la caloré me han impedido ser 100% constante, qué se le va a hacer, soy de carne y hueso-, fue muy intenso y duro. Casi más duro -y no exagero- que los tres meses de entrenamiento del invierno pasado para preparar mi primera maratón. Y no exagero.

Fue genial compartir esta experiencia con Sara Massa, una persona a la que aprecio muchísimo

Fue genial compartir esta experiencia con Sara Massa, una persona a la que aprecio muchísimo

Las series no son duras sino lo siguiente. Una auténtica tortura. Eso sí, el esfuerzo ha merecido la pena. Y servidora, que es bastante masoca volverá a repetir el año que viene.

Por muchas razones.

– Porque me gusta la velocidad. Soy más de carreras más cortas y de intentar ir lo más rápido posible que de larga distancia.

– Por superarme otro poquito. 

– Por coincidir con gente tan maravillosa en la pista como Sara, Samy, Clara, Marta, Yolanda y Emilia, además de todo el equipo de Runner’s World y Luis Arribas -por fin nos ponemos cara-, con quienes espero repetir experiencia dentro de doce meses.

Gracias cómo no al organizador de todo este sarao, Pinchos, por la invitación. Enhorabuena por esta gran iniciativa que nos permitió a todos superarnos un poquito más y comprobar que somos más fuertes de lo que pensamos.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

One Comment

  1. Este post resume a la perfección lo bien que lo pasamos en las pistas de Moratalaz!!! Yo también me alegro de haber compartido esos buenos momentos contigo, siempre aprendo algo nuevo :) El año que viene más y mejor!!!

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