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Así fue, en imágenes -no hay que leer mucho- la presentación de #confesionesdeunarunner @Larousse_ESP

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Es imposible describir con palabras el cóctel de sensaciones que experimenté el jueves pasado. Aquel día, el la clínica de Fisioterapia Bando, de Carmen, presenté oficialmente en sociedad #confesionesdeunarunner editado por Larousse.

Mi primera vez en muchos sentidos. La primera presentación de mi libro, la primera vez que me enfrentaba yo sola a un acto de estas características… Así que, a medida que llegaba el día, el momento, los nervios fueron in crescendo. Minutos antes de que comenzara la presentación estaba como un auténtico flan.

Menos mal que estuve rodeada de amigos, de gente que me quiere y me aprecia. A todos y cada uno de ellos les agradezco de todo corazón que estuvieran conmigo en un día tan especial. GRACIAS CHICOS.

Hubo risas, alguna que otra lágrima y una felicidad inmensa. Este día, sin duda, ha quedado grabado en mi retina para siempre.  

Como os decía al comienzo de este post, sobran las palabras así que ahí van las fotos de un día que jamás olvidaré. Millones de gracias a Tony, el pobre no sale en ninguna foto porque le tocó ser el fotógrafo. El pobre, todo lo que tiene que soportar y todo lo que me tiene que aguantar.

Ni con mil vidas podría agradecerte tu apoyo incondicional y tus empujoncitos cuando falla la confianza en mí misma.

Por cierto, si queréis alguna foto escribidme a confesionesdeunarunner@gmail.com y en cuanto tenga un huequito os las paso.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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