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¿Gacela o hipopótamo?

Foto: Isaac Cepero.

¿A vosotros no os ha pasado nunca que cuando vais corriendo a toda pastilla -es un decir- pensáis que vuestro estilo es insuperable, cual gacela por el campo cuando la triste realidad muestra un estilo mucho más parecido al de un hipopótamo? A mí sí.

Es como el que va totalmente borracho y dice que va perfectamente. Enseñadle al día siguiente una grabación con su moña. Pues eso.

Los escaparates y portales que en ocasiones me encuentro por el camino o los vídeos y fotos de las carreras me devuelven a la cruda realidad. Levanto poco las rodillas, despego muy poquito los pies del suelo y corro con el culo algo caído. Efectivamente, soy la antítesis a lo que se puede definir como ‘correr con estilo’.

Y no es que sea ni bueno ni malo, sino todo lo contrario. Pero el caso es que la manera que tenemos de correr puede provocarnos lesiones. De ahí la importancia de trabajar un poquito este aspecto, ¿no creéis?

La semana pasada tuve la fortuna de participar en una mesa redonda sobre la vida sana #VidaSanaEXPERIENCIE. El evento, organizado por Axa Seguros me permitió conocer a Óscar Luis Celada, médico de la selección española de fútbol y traumatólogo en la Clínica Cemtro de Madrid. Si tenéis tiempo y os apetece podéis ver el vídeo completo pinchando aquí.

Óscar nos explicó en aquel encuentro que muchas de las lesiones de los los corredores populares que pasan por sus manos se deben a que no saben correr. Y me incluyo -aunque, he tenido la fortuna de no lesionarme-. No corremos correctamente lo que, a la larga, y tras someter al cuerpo a innumerables impactos y muchísimos kilómetros, éste se resiente y se lesiona. Dolores de espalda, de rodilla y un largo etcétera  molestias que, muy posiblemente podrían haberse evitado si alguien nos hubiera enseñado a correr, desde niños.

Efectivamente, correr no es simplemente poner un pie detrás de otro a una determinada velocidad. Al igual que nadar o montar en bici, jugar al tenis o al fútbol, correr tiene su técnica. Y de ella depende, no sólo que obtengamos el mejor rendimiento para nuestro cuerpo desperdiciando la menor energía posible, sino que, a la larga, puede ayudarnos a evitar lesiones.

De ahí la importancia de trabajarla, pero no de cualquier manera, sino correctamente. Y para ello es necesario tener un experto que nos indique los ejercicios que tenemos que realizar y, lo más importante, que nos corrija si los hacemos mal. De lo contrario, no sólo no valen para nada, sino que podemos adquirir malos hábitos.

Desde que Tony y yo hemos sido padres y apenas podemos salir a correr juntos, he de reconocer que la técnica de carrera en mis entrenamientos se reduce a la mínima expresión. También es cierto que antes tampoco es que le diera demasiada importancia, de tal manera que no la domino y no me arriesgo a incluirla en los entrenamientos si no está mi marido para que me corrija. Así que entre unas cosas y otras, la trabajo muy poquito. Y, aunque afortunadamente no he tenido lesiones con mi particular manera de correr, nunca es tarde para mejorar un poquito.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

One Comment

  1. Uff Cuanta razón. Yo me he prometido a mi misma meterme una sesion de tecnica de carrera semanal. Gracias por recordarme la importancia de corregir posturas para evitar lesiones, y no solo para salir bien en la foto.

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