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¿Con o sin música? Pues depende. Eso sí, si es CON, lo tengo claro @kPonchok @LOQUILLOoficial @losmareaoficial @Oficina_Extremo

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Vivimos en una sociedad en la que todo es blanco o negro. De izquierdas o de derechas. Bueno o malo. Lleno de extremismos y fundamentalismos en muchos sentidos. Y parece que correr no se libra de ello.

¿Correr con música o sin ella?
Pues lo que te dé la gana. Vamos digo yo. A ver si en esto tampoco vamos a poder elegir.

Entiendo que a un atleta profesional entrenar con música pueda distraerlo de sus entrenamientos y que, por tanto, no sea lo más apropiado.

Pero el hecho de que yo me acelere o me frene al son de una canción como que no me va a afectar de la misma manera, ni mucho menos. Igual no me sale un entrenamiento de 10 pero, ¿y qué más da?, ¿acaso no corro para pasármelo bien?, ¿porque me gusta? Pues eso.

A mí, personalmente, me gusta salir a correr con música. Mato dos pájaros de un tiro: corro y escucho a mis grupos favoritos.

De hecho, es el único momento en el que escucho algo de música porque la música en sí misma -al igual que viajar-, no me apasiona. Soy más de series de asesinos en serie. Sí, soy así de rara.

Pero tengo un puñadito de grupos que me vuelven loca y a los que me encanta escuchar cuando salgo a correr o voy en el bus. Y de ahí es muy difícil sacarme. Poncho K, Loquillo, Marea y Extremoduro.

Con algunas de sus canciones sería capaz de correr por debajo de 4min/km… durante algunos metros.

La mayoría de las veces salgo con el móvil, el cachivache para llevarlo en el brazo y los auriculares -por fin he dado con unos que no se me caigan-. Pero he de reconocer que cuando hago fartleks o series me resulta bastante incómodo tanto trasto ya que me impide escuchar los pitidos del pulsómetro que me marcan el entrenamiento y prefiero dejar la música en casa. Cuando no se me cae el auricular o se me desconecta el Spotify o me encuentro escuchando reggaeton.

Así que, cuando me toca un entrenamiento de estas características procuro dejar la música en casa. También los días que toca carrera. En ocasiones se me ha desconectado o apagado la música o los auriculares no querían ajustarse bien y ha  sido un auténtico tostón cargar con el aparatito durante toda la carrera.

Además, nunca corro sola. Casi siempre hay algún corredor silencioso a mi lado y no la echo en falta. No obstante, tengo una razón de más peso para ir sin música a las carreras. Me impiden saber lo que pasa a mi alrededor. Si un corredor me va a pasar por la derecha o me está pidiendo paso no me entero. Vamos que puedo distraerme y tener algún disgusto.

Hay carreras que prohíben incluso correr con música bajo riesgo de descalificación. ¿Una exageración? Ahí lo dejo.

Carreras aparte -cada organizador puede poner las normas que considere oportuno y si no estás de acuerdo con ellos basta con no apuntarte-, en su día a día, que cada cual haga lo que quiera mientras no moleste a nadie.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

2 Comments

  1. Yo soy de los tuyos… musica en los entrenos (especialmente rodajes), rock nacional, punk, rap y un poco de Carnaval de Cadiz (es una enfermedad, a veces he de parar a reirme).

    Aunque en mi caso, empece con un walkman en la mano (sí, un walkman… no veas lo molesto que es). ¡Ahora movil/GPS y auriculares bluetooth!

    Y silencio en carrera, si llevo gente alrededor me gusta charlar (si el ritmo lo permite) o simplemente oir a los otros corredores y al publico.

    Lo de los atletas de elite es otra cosa,

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