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Mejor ahora que luego, esta tarde que mañana, mañana que el próximo mes

“El lunes empiezo a correr”. ¿Os suena esta frase verdad? O, “el 1 de enero, bueno, mejor el 2, me pongo a correr”. Y así pasan los días, las semanas, los meses y, cuando te das cuenta, han pasado varios años y aquella persona que pronunció estas frases, sigue igual de apoltronado que siempre. Bueno, igual igual no. Con algún que otro kilo de más y con una mirada mucho más apagada.

Y es una pena, la verdad. Yo no me canso de decir que en mi vida hay un antes y un después desde que comencé a correr. No exagero si digo que me siento una persona diferente. Segura de mí misa, con mucha autoestima, capaz de comerme el mundo y de afrontar cualquier obstáculo que se me ponga por delante. Soy y me siento más fuerte. Tanto física, como psicológicamente. Y todo, gracias a que un día decidí que quería salir a correr. Puede parecer exagerado pero creo que son sensaciones que compartimos muchos corredores populares.

Yo no lo dejé para el lunes siguiente. El mismo día que decidí dejar atrás mi triste vida sedentaria me puse manos a la obra. ¿Por qué esperar más?, ya había perdido demasiado tiempo. Tenía un objetivo y fui directo a por él.

No fue fácil. Correr después de tantos años con el culo pegado al sofá fue realmente duro. Doloroso, diría yo. Pero aquí estoy, casi diez años después. En todo este tiempo he pasado de odiar el running a amarlo con todas mis fuerzas. He pasado de correr, única y exclusivamente para perder peso, a hacerlo por mil motivos: porque me ayuda a desconectar del día a día, a tener mi momento y mi espacio para pensar en mis cosas, a mantenerme en forma, a disfrutar del simple gesto de poner un pie detrás del otro… Hay tantísimas razones para correr.

Por eso hoy, en el Día Mundial de la Actividad Física no puedo sino seguir dando la brasa a todo aquel que me rodea para que se ponga las pilas de una vez por todas. Corre, nada, pedalea, lo que sea, pero haz algo.

El sedentarismo se ha convertido en uno de los grandes males de nuestra sociedad. Una enfermedad que va extendiendo poco a poco sus garras y se va apoderando poco a poco, silenciosamente de todos nuestra sociedad, de grandes y pequeños quienes, al fin y al cabo hacen y replican lo que ven a su alrededor.

Son cientos los beneficios que hacer deporte aporta a nuestra salud. La OMS tiene muchísimos estudios y seguro que os habéis hartado de leer cifras, pero resumiendo, se vive más y mejor.

Así que si estás leyendo esto y estás pensando: “este sábado salgo”, no esperes. Prepara tus zapatillas y la ropa y empieza mañana mismo. Antes incluso de ir a trabajar o a estudiar, antes o justo después de dejar a los niños en el cole. Pero que no pase de mañana.

Sufrirás. Y es posible que mucho. Pero habrás dado el paso más importante. Estarás en el buen camino. A por ello.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

One Comment

  1. Apoyo cada una de las palabras que escribes, Elena. Creo que además es aplicable a tantos propósitos que nos hacemos en la vida y que vamos aplazando por compromisos, obligaciones o circunstancias no tan significativas como para dejar a nuestros sueños en la carpeta de asuntos pendientes. El momento es ahora y el lugar ese en el que estamos. Ahora y aquí con calma, con determinación.

    Para mi correr además supone conectar con la naturaleza y esto me vuelve a un entorno que mi mente y mi cuerpo reconocen como ecosistema originario, mío, propio y nuestro. Todo eso me proporciona una conciencia de relatividad que me ayuda a sentirme humilde y relajado.

    A correr, que hoy es el día allí donde quieras que te encuentres…

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