0

I’m back babies

1798698_10204266093147443_8904670918290571784_n

Sí. En esta ocasión he estado más missing de lo habitual. He tenido un buen motivo pero me vais a permitir que todavía lo guarde en secreto. Al menos, he de decir que no he tenido que colgar las botas, ni mucho menos. He seguido saliendo a entrenar o a correr con la misma asiduidad que hasta ahora. Vamos, cuatro días a la semana.

Sin un plan específico, eso sí, pero intentando trabajar la fuerza –en el gimnasio fundamentalmente-, la velocidad –fartleks o cambios de ritmo- y la resistencia –algún rodaje largo, aunque no más de 15 kilómetros-. Vamos, salpimentando un poco mi rutina runner para no caer en la monotonía. Dar dos vueltas al mismo circuito cada vez que salgo a correr puede llegar a resultar bastante monótono.

Y, aunque he de reconocer que no he sido todo lo constante que debería, conseguí batir los 45 minutos en un diez mil –por dos segundos, eso sí-. Fue en los 10km del Trofeo Akiles de la Casa de Campo en los que conté con la inestimable ayuda de Marcos, a quien, he de reconocer, odié en varios momentos de la carrera, cuando pensaba que mi cuerpo ya no podía dar de sí y mi coco comenzaba a gritarme que tirase la toalla, que lo dejara para otra ocasión. Tony y Marcos estaban convencidos de que lo lograría, pero yo tenía serias dudas. Y, una vez más, el trabajo dio sus frutos y me doy por satisfecha durante varios meses. Toca consolidar la marca antes de mirar más allá. Tengo que ser capaz de volver a bajar de 45 minutos pero sin sufrir tanto. En serio, menudo sufrimiento. Dedicaré sólo un post para intentar explicarlo.

De eso han pasado ya más de dos meses en los que he vivido instalada en una especie de anarquía runner, aunque manteniendo mis cuatro días pero programando cada domingo los entrenamientos de la semana. Ahora mismo no tengo grandes retos a la vista. Una carrera aquí, otra allá… La maratón de hace un año fue demasiado exigente y el cuerpo me pide entrenar pero sin agobios, con cierta disciplina, pero también con mucha flexibilidad. Disfrutando cada día de este deporte porque en eso consiste realmente todo esto ¿no?, en pasarlo bien y, de paso, quemar algún que otro kilito, desconectar del estrés del día a día y alejar durante una hora todos los problemas de nuestra mente.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *