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Correr en familia, el mejor plan runner… ¿o no?

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Ha sido un fin de semana totalmente agotador pero fantástico.

Después de varios meses -desde Stop Sanfilippo el pasado mes de mayo- hemos vuelto a correr en familia. Ya lo echaba de menos.

En esta ocasión nos fuimos a Coslada. Una carrera solidaria de 5km con el remolque y los niños. Juegaterapia. Un plan doblemente perfecto. Primero, porque el dinero recaudado servirá para construir un jardín en la azotea de un hospital -todavía por definir-  lo que, sin duda, hará más llevadero a los pequeños ingresados su estancia en el hospital. Y, segundo, porque Tony y yo hemos podido disfrutar de nuestra pasión por correr con nuestros peques.

El domingo tocaba madrugar para desayunar y prepararnos para un día que prometía mucha diversión.

A las 10:30 -media hora antes de la carrera- estábamos ya en la carpa de los @drinkingrunners dejando también nuestra aportación solidaria con varios kilos de alimentos. Si no lo sabéis, ha arrancado oficialmente la III Fase #Kmsxalimentos que finalizará a lo grande en la Maratón de Barcelona.

Y a las 11:00. Pistoletazo de salida. Como una moto. Y los niños como locos de contentos con cada bote que daba el remolque por culpa de un bache.

La falta de práctica casi me lleva a atropellar a más de una persona. Desde aquí pido disculpas. Es un armatoste enorme y la falta de uso hace que no le tenga cogido el truco.

Además, la emoción por correr con él me llevó a salir a toda pastilla. Menos mal que Tony vino con nosotros. Si no, me habría costado mucho terminar sin la lengua fuera.

Para que os hagáis una idea, entre niños y remolque, fácilmente te encuentras empujando unos 50 kilos. 50 kilos que en llano son llevaderos pero que cuesta arriba son mortales y cuesta abajo parece que vas a ser incapaz de controlarlo.

Igual que salimos, como una moto, llegamos a meta. 5km duros pero enormemente divertidos.

Los niños lo pasaron genial, que es lo más importante. Corrieron también su propia carrera y recibieron una medalla por ello.

Una mañana fantástica rodeada, además, de gente maravillosa y de grandes amigos runners a los que fue un auténtico placer saludar. Allí estaba una gran representación de los @drinkingrunners. Cómo no fijarse en ellos. Allí estaba Ana María Fuertes, súpercampeona del 10.000 femenino. Una victoria que coincidía además con el primer aniversario del nacimiento oficial del @comandogijón. Sonia, Mónica, Ana… me acordé muchísimo de vosotras.

También estaba Almudena. A la que hacía mucho que no veía. Belén, Rai, Carmen… La lista es interminable. También vi a Marcos con quien me encanta siempre hablar por la cordura y sensatez que siempre me transmite en esto del running. Un placer volver a verte.

Y como siempre lo bueno sabe a poco. El fin de semana llegó a su fin. Deseando volver a repetir experiencia solidaria en familia.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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