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He hecho una promesa y pienso cumplirla. No dejaré que la lucha contra la ELA caiga en el olvido

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Es lo que tiene todo lo viral hoy en día. Bastan apenas unos días para que aquello de lo que todo el mundo habla pase al olvido más absoluto.

Yo he hecho una promesa y pienso cumplirla. Jamás me olvidaré de los enfermos que padecen la ELA. Ni de lo importante que es nuestra ayuda para que la investigación salga adelante y algún día, ojalá no demasiado lejano, se encuentre el por qué de esta cruel y devastadora enfermedad y lo más importante, una cura.

Mucho más cruel que el Alzheimer, apenas da a quienes la padecen tres o cinco años de vida.

Hay muchas enfermedades y mucha gente que necesita nuestra ayuda y a todos nos los podemos ayudar. Yo sólo quiero aportar mi pequeño grano de arena no sólo a la investigación, sino a mantener vivo el recuerdo y encendida la mecha para evitar que caiga en el olvido.

Con el permiso de todos mis compañeros os dejo este vídeo y os recuerdo que en esta página podéis hacer las donaciones

http://www.projectmine.com/country/spain/

Apenas se lleva recaudado el 2% del dinero necesario para comenzar a investigar, pero granito a granito se levantan montañas.

 

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=BkNnuIQV4lA&w=560&h=315]

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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