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Post-maratón: un mes después así estoy

Ya ha pasado un mes desde que corrí mi primer maratón en Palma de Mallorca.

He de reconocer que durante la primera semana estuve de bajón, tanto física como psicológicamente. De la misma manera que el cuerpo necesita recuperarse poco a poco de tanto esfuerzo, mi mente también necesitaba liberar poco a poco la tensión acumulada durante estos meses de entrenamiento.

Hoy me encuentro estupendamente a nivel psicológico. Me encanta volver a correr sin tener un objetivo tan abrumador por delante, aunque físicamente el cuerpo todavía recuerda que mis patitas corrieron 42 kms y cuando las someto a un esfuerzo algo más intenso me dan un toque de atención.

El primero me lo dio apenas una semana y media después de la @261wm. Me emocioné y me salieron 8,5km a 5,07 min/km. Y lo pagué al día siguiente con ligeras agujetas y un cansancio de órdago. Hasta tal punto que dos días después, mis piernas no daban para ir ni a 5:30. Primer error de novata y de pupila desobediente puesto que @tonypo_sg ya me había advertido que no me emocionase y me lo tomase con calma.

Hace una semana mis piernas también me dijeron que a dónde iba con 14km y también ayer, que decidí, a lo loco, hacerme los 21km de la Rock’n’Roll Marathon.

Lo más prudente y lógico habría sido hacer los 10.000 pero la inscripción la tenía desde finales de enero y me apetecía muchísimo poder correr con una persona maravillosa, Mónica, los 21km. Una pena que mis piernas no estuvieran todavía preparadas para aguantar el ritmo que se marcaron ella, Julián, Óscar y Olalla. Me habría encantado haber entrado con ellos en meta y haberles dado un fuerte abrazo. Pero queda pendiente.

La carrera se me hizo larga desde el km 10. Corro mucho más despacio que hace cinco meses y me encuentro sin fuerza en las piernas, así que las cuestas me mataron. En el último km, en la maldita cuesta previa a la entrada en El Retiro me quedé clavada, literalmente. Así que apreté los dientes y a aguantar los últimos metros. ¿Por qué siempre me parecen los más largos?

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Gracias Tony por acompañarme, una vez más. Sin importante tu marca, tus ritmos. Eres la persona más generosa que conozco en ese sentido. No te separas de mí si te necesito a mi lado y no sabes cuánto te lo agradezco. Sin ti, esta media, como la maratón de hace un mes, habrían sido muy diferente y mucho más difíciles. Simplemente GRACIAS.

A partir de ahora ha llegado el momento de recuperar fuerza. Vuelvo al gimnasio y en breve espero poder retomar los cambios de ritmo y volver a correr en los ritmos de finales de 2013. No sé si será antes del verano, después… No tengo prisa.

Sólo pienso en disfrutar.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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