0

@261wm el documental, un pedacito de mí

 

Parece mentira. Ya han pasado 15 días desde la @261wm.

La primera semana post maratón fue bastante cansada. Aunque las agujetas habían desaparecido ya el miércoles, el agotamiento general tardó varios días más.

También he tenido que recuperarme a nivel psicológico liberando poco a poco todo el estrés, la tensión y la presión de los últimos meses.

El primer día que salí a correr después de la maratón fue el sábado 5 de abril y la verdad es que me costó tanto física como psicológicamente.

Sabía que era muy importante trabajar el ‘coco’ para la maratón. Pero pensaba que sólo debía hacerlo para afrontar la carrera. Y si algo he aprendido de esta experiencia es que podemos ser muy fuertes físicamente y derrumbarnos en un momento por culpa de la presión.

Afortunadamente he ido echando fuera poco a poco todo lo que tenía dentro y me encuentro de nuevo con ganas de correr y, sobre todo, de disfrutar corriendo.

El premio a tanto trabajo lo tuve al cruzar la meta hace quince días y para el recuerdo me quedará para siempre también este fantástico vídeo.

Los chicos de @KikarazuMedia han hecho un fantástico trabajo. Sólo me da pena que no hayan tenido el espacio que se merecen todas y cada unas de las mujeres que participaron en la maratón y que al igual que yo, lucharon por cruzar durante muchas semanas.

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *