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Cuando lo importante no es entrenar, sino descansar para una Maratón

No sé cuántas veces lo habré repetido en la última semana. A todo aquel que estos días me pregunta que cómo llevo ‘lo del maratón’ le contesto lo mismo: “Si algo estoy aprendiendo es que para preparar una Maratón es importante entrenar -obvio no?-, pero más importante es aún poder descansar“. Y esto último no es tan obvio.

Sobre el papel, mi plan de entrenamiento me dice que los martes me toca gimnasio, los miércoles y viernes fartlek o series y el domingo, tirada larga. Los demás días toca descanso, pero en mi caso, no estamos hablando de DESCANSO con mayúsculas sino, básicamente, de NO ENTRENAR, que no es lo mismo.

Porque descansar sería, por ejemplo, relajarme el lunes, el jueves o el sábado, en el sofá de mi casa. Dormir al menos 8 horas -si no más-, tomarme la tarde con tranquilidad, sin agobios, ni estrés… Ver una serie tranquilamente en la televisión, ir al cine si se tercia.

Pero mis descansos consisten, básicamente, en llevar a los peques a la piscina, recogerlos. Jugar con ellos, bañarlos, hacerles la cena, acostarlos… hacer la compra, limpiar la casa, poner lavadoras, hacer la comida -no sé qué sería de mí sin mi madre y sin mi suegra que tantos tuppers ricos me traen cada semana-. Vamos que lo que se dice descansar no descanso.

Y así me he embarcado en esta aventura. En la aventura de la primera maratón solo para mujeres que tendrá lugar el próximo 30 de marzo en Palma de Mallorca (@261wm). A lo loco, como suele uno embarcarse en estas aventuras. Contenta porque los entrenamientos dan sus frutos, pero totalmente agotada.

Lo que se está traduciendo en algo de anarquía con el plan de entrenamiento. Vamos, que tan pronto lo cumplo a rajatabla dos semanas, como me toca darme un pequeño respiro y adaptarlo para poder descansar un poco.

Lo bueno es que ya estoy en modo CUENTA ATRÁS. Porque aunque faltan todavía siete semanas, ya veo la luz al final del túnel. Un último esfuerzo, me digo cada día…

Tic tac, tic tac

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

2 Comments

  1. Elena, sabes lo que te entiendo, te comprendo y desde lo más profundo de mi ser te animo? Sacar tiempo de donde no lo hay, PORQUE NO LO HAY, para dedicarnos a esta sana pasión, y al mismo tiempo no descuidar otros aspectos importantes de nuestra vida, lo más importante: Ellos, nuestros chicos ( tus tres y mis cuatro ;-). A mí el maratón me pasó factura, en forma de una pésima vida familiar durante la preparación ( digo familiar por no decir conyugal ) ya que me obsesioné demasiado con el plan. Mis amistades también me reclamaban y luego se “quejaron” de mi ausencia. Pero creo que todo se debió a una mala organización por mi parte.
    En fin, ojalá te estés organizando bien y no caigas en mis errores. Errores, que me han costado mi segundo maratón. Este año toca descanso.

    Toda la suerte del mundo,
    Mariate

  2. Sólo oigo hablar de planes de entrenamiento para arriba, planes de entrenamiento para abajo… y de descansar lo que se dice descansar, muy poco. Y es fundamental. El problema es que con la familia es muy difícil hacerlo sin que eso te suponga, como bien dices, descuidar a la familia. Tuve un par de meses muy muy frenéticos, y ahora, aunque sigo entrenando, creo que lo estoy haciendo con algo más de cabeza. Y si el cuerpo o los compromisos familiares me piden descansar, pues a descansar. Total, somos populares, no voy a hacer una gran marca. Sólo quiero disfrutar y pasarlo bien y si en algún momento dejo de hacerlo, algo estaré haciendo mal.
    Muchas gracias por los ánimos y espero coincidir de nuevo pronto contigo.

    Y por cierto, hay vida más allá del maratón. Hacer un 10.000, una media o simplemente correr por correr tiene tanto mérito como hacer una maratón. Cada una tiene su dificultad, pero que no nos hagan creer que somos menos por no correr un maratón, que de eso también hay mucho.
    Un beso enorme

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