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Este finde me he exprimido como un limón

Este fin de semana he terminado totalmente exprimida. Sin energía. Vamos, que lo he dado todo y un poco más en los entrenamientos del viernes, sábado y domingo.

Sí, voy a lo loco. Entreno tres días seguidos -meto gimnasio los miércoles- porque es como me ha cuadrado este año entre curro mío, curro de Tony, sus clases de inglés, la guardería de Simón, el cole de Nicolás, la piscina de éste y la piscina de aquél, parques, lavadoras, comidas… Sí, yo también me canso sólo de pensarlo, pero es lo que toca. De hecho, lo mejor, simplemente es no pensar mucho en ello, hacerlo y punto.

Pero a lo que iba. El caso es que este fin de semana ‘lo he dado todo’, como nos gusta decir a muchos runners.

Viernes

Empezamos el fin de semana con un rodaje largo por Segovia. La frase ‘vamos a dar una vuelta por la ciudad’ fue totalmente literal. Unos 15 km a 5,28, un ritmo que no está nada mal teniendo en cuenta que en muchas zonas no se veía ni un pijo y que precisamente llana no es la ciudad. Tony y yo acabamos un pelín cargados. Es lo que tiene rodar sobre puro cemento durante tanto tiempo.

Sábado

Tocaba salir a descargar un poquito las piernas. Un rodaje suave y a disfrutar de cordero en gran compañía.

Domingo

Decidimos dejar para el domingo por la mañana lo más divertido: el fartlek. No lo hicimos el viernes porque en Segovia ya no podemos utilizar las pistas de atletismo como antes -es una larga historia que otro día, si tengo ganas os la contaré- y no es plan de hacer series ni cambios de ritmo a oscuras.

Con el fartlek dejé en tierras jegovianas la poca fuerza que me quedaba. Me costó mucho terminarlo De hecho, en el penúltimo cambio de ritmo me entraron hasta ganas de llorar. Se me hizo realmente duro poder mantener el ritmo que quería.

No ayudó el rodaje largo del viernes. Que el terreno no fuera llano y que en la parte que tocaba de subida, viniera además el viento en contra. Además, me di cuenta tarde, con el entrenamiento ya comenzado, que el reloj no me había pillado las pulsaciones con lo que en los primeros cambios de ritmo estuve intentando ajustar la cinta y no conseguí recuperar como es debido.

Vamos, un cúmulo de circunstancias para rematar otro fin de semana duro de rodaje pero con la satisfacción y el orgullo de los deberes bien hechos.

Seguiremos informando

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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