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Correr en familia y por una buena causa, ¿qué más se puede pedir?

El pasado domingo fue un día GENIAL. Sí, en mayúsculas. Vivimos una auténtica mañana de #run4fun, llena de buen rollo, de risas, de correr en familia y de ayudar a los demás.

La familia al completo, Tony, Nicolás, Simón y la menda, fuimos a la Casa de Campo, remolque en mano para ayudar a los geniales, incombustibles, generosos y buena gente @drinkingrunners aportando nuestro pequeño granito de arena en su campaña #KmsXalimentos. Una gran iniciativa que el año pasado fue un rotundo éxito y que este año estoy convencida de que lo volverán a conseguir. Sobran las palabras. Basta con ver las fotos de la quedada.  (Shinichi, he tomado prestada una de tus fotos, espero que no te importe)

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También aprovechamos para desprendernos de algunas camisetas técnicas y un par de zapatillas, otra gran iniciativa de running solidario que en Madrid abandera Mos, dueño de la tienda 400 metros en Leganés.

Simón fue el encargado de hacer sonar el despertador sobre las 7 de la mañana. La quedada no era hasta las 9:30, pero el tema logístico con dos niños en casa lleva su tiempo. Que si agua, pañales, algo de comida, abrigos… De hecho, llegamos con el calentamiento ya empezado. A tiempo para hacer algunos saludos -María Caballero, Irene, Javier Álamo, Javier Pinto, Belén, Almudena, Loli, Pablo Carmenado, Lolo y su mujer Arantxa…- Y a correr los cuatro.

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Por primera vez desde que nació Simón corríamos los cuatro juntos y fue una experiencia maravillosa. Poder compartir en familia nuestra pasión. Los peques, todo hay que decirlo, también se lo pasaron genial dentro del remolque así que, a buen seguro, repetiremos la experiencia más a menudo.

996633_527080360711285_1877659747_nCorrimos sólo 5 kms pero muy intensos por las subidas y también las bajadas. Pero fue fantástico.

1426678_527079194044735_1336055632_nLos peques también lo pasaron genial. Corrieron, jugaron… y lo más importante, vivieron de cerca lo que es sentir la pasión por correr y poder, al mismo tiempo, ayudar a personas que no son tan afortunados como nosotros.

Hubo tiempo para más risas, para compartir experiencias, comentar objetivos… Para saludar a Rai, a Alberto Barrantes, para poner cara a Darío Collado, un maratoniano de pro, menudos tiempazos. Para abrazar a María Luisa. Ánimo guapa con esas malditas molestias en las rodillas y dar un par de besos a Óscar, también de los Drinkingrunners. En fin, para pasar una mañana fantástica junto a otros runners solidarios y remajos. Porque, las cosas como son, twitter mola, pero como el cara a cara, nada.

La próxima quedada es el 8 de diciembre. También en la Casa de Campo. Junto al zoo. Ese día tenemos cita con una clásica, el Trofeo Akiles que este año celebra su 50 aniversario. Casi con toda seguridad Tony y yo correremos, pero como es también en la Casa de Campo, por supuesto, nos pasaremos.

Seguiremos informando.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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