0

Comienza oficialmente la temporada: organización, organización y muchas ganas

Tony ya tiene curro (bieeeeeeennnnn) y, por tanto, se acabó el tiempo libre. A partir de ahora -realmente a partir del 1 de octubre- comienza lo bueno.

Ha llegado la hora de hacer malabarismos con los horarios y de encajar en nuestro escaso tiempo libre los planes de entrenamiento. Ayyy, cuánto lo había echado de menos, jajaja.

Si algo me he aprendido en los años que llevo corriendo -especialmente desde que nacieron Nicolás y Simón- es que si quieres cuidar de tus hijos, trabajar, arreglar la casa -más o menos-, estar con tu pareja y además correr y no morir en el intento, es necesario organizarse.

Con tantas cosas por hacer no vale “ya saldré esta tarde, cuando tenga un hueco”, o “mañana si eso ya madrugo”. Con pensamientos de este estilo estás condenado a fracasar porque siempre hay alguna excusa para no salir a correr y así van pasando los días, las semanas… y cuando te das cuenta llevas varios meses sin ponerte unas zapatillas.

De la misma manera que te tomas en serio que tu hijo no llegue tarde al cole o a las clases de natación o con la misma puntualidad y seriedad que te tomas tu trabajo, así es como debes tomarte los entrenamientos y para ello, lo mejor es una buena planificación.

En primer lugar, hay que ser realistas. Tienes que analizar del tiempo libre real del que dispones. Está genial que nos encante correr que seamos unos fanáticos del running pero no hay que descuidar otras cosas. La familia, los hijos, la pareja… Y vale que no vas a tener la casa como los chorros del oro, pero tampoco vamos a ser unos dejados ¿no? Habrá que hacer la compra, preparar la comida toda la semana o para el día siguiente.

Fija los días de la semana que quieres entrenar. Es mucho más fácil organizarte si sabes qué días te toca rodar, ir al gimnasio o hacer series. Así, los días que no toque entrenamiento podrás desconectar al 100%. Dedicarte al 100% a otras cosas sin tener revoloteando sobre la mente cada dos por tres la idea de que deberías salir a correr.

En mi caso, al igual que la pasada temporada, intentaré entrenar 4 días a la semana, que no es poco. Y me daré con un canto en los dientes si lo consigo, porque este año se presenta complicado.

Los días fijos será los viernes (fartlek o series), sábados (rodaje suave y técnica de carrera) y domingos (rodaje largo)

Los lunes y miércoles Nicolás tiene piscina y Tony, inglés. Así que descartados.

Martes o jueves: gimnasio. Tony y yo nos iremos turnando. Él también tiene que entrenar así que tenemos que organizarnos para poder salir los dos y no morir en el intento.

Va a ser difícil, no lo dudo, pero podremos con ello. La clave está en la organización y en la fuerza de voluntad. Y cada mañana, los miles de tweets de la gran familia runner me dan mucha fuerza.

Vamoooooosss

 

 

 

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *