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¿Por qué he estado -y sigo- tan cabreada? Por tu culpa, mercenario de la educación pública

Si me sigues en twitter habrás notado que en la última semana he estado bastante cabreada.

Agradezco de todo corazón las palabras de ánimos de los amigos/runners twitteros, ésa gran familia. La inmensa mayoría ni me preguntó qué me pasaba, pero que, fuera lo que fuera, ahí estaban. Gracias chic@s.

Lo que voy a escribir hoy nada tiene que ver con el running. Pero quiero desahogarme. Necesito que salga la rabia. Mejor fuera que dentro, ¿no? Pues eso. Ahí va.

Este post se dirige a los mercenarios de la educación pública. A aquellos que se venden por dos duros y se pliegan a las exigencias de sus verdugos -léase consejería de educación-. Sí. Me dirijo a ti. Que has decidido que un 4,953  es un suspenso. A ti, que por estar sentado en un tribunal te sientes poderoso como para jugar con el futuro de las personas. A ti, que te ves reflejado en ese portero de discoteca que se siente poderoso decidiendo quién entra y quién no en el local de moda. A ti, que sólo en estas circunstancias te sientes importante. Porque si no, no eres nadie…

Pues sí. Durante esos días de oposición eres poderoso. Tienes en tus manos el futuro de muchas personas. Y posiblemente piensas: “Yo ya pasé por esto, que se jodan”.

Pues sí, estamos algo jodidos pero como siempre, saldremos adelante.

Me dirijo a ti. Porque consideras que un 4,953 es un suspenso. Y te sientes orgulloso y poderoso por poder jugar con nuestro futuro -el de mi marido, el de mis hijos, el de mi familia-. Pues sí. Has influido en nuestro futuro pero lamento decirte que sigue siendo nuestro.

Sí, un 4,953 es un suspenso. O no. Permíteme que lo dude. Igual yo lo veo más claro con un 4,5. Pero con un 4,953 permíteme, al menos, que lo dude.

Permíteme que dude de alguien que, desde hace años, acude a la llamada de quien día a día le está cercenando sus derechos y recortando su salario. Sí tú. Maestro de la educación pública que te vendes como voluntario, por dos duros, para decidir sobre el futuro de miles de opositores cuando lo único que te interesa son esos dos duros. Permíteme que dude de la imparcialidad y profesionalidad de quien se vende así a su propio verdugo. Porque, siento ser yo quien te lo diga, pero esos dos duros provienen de quien cada año te mete más chicos en clase. Quien cada decide que debes cobrar un poquito menos y trabajar mucho más.

Posiblemente en un futuro no muy lejano tendrás que trabajar durante el mes de julio -sí, una tragedia- y por el mismo dinero. Posiblemente en un futuro no muy lejano tu puesto de funcionario, el que pensabas que sería para toda la vida, no será tan seguro. Estarás a merced de tu verdugo. Sí. De aquel que te ha pagado dos duros y te ha hecho sentir importante por una vez en tu vida.

Posiblemente tú eres uno de esos voluntarios. Y te sientes ofendido por estas líneas. O no, total, no me lee casi nadie. Tú no eres así, ¿verdad? O igual sí.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

One Comment

  1. No sé, yo no soy funcionaria ni maestra, pero a mi en mi casa me enseñaron que si suspendía era por culpa mía, no del profesor…da rabia suspender por tan poco, pero si hubieras estudiado más, por ejemplo, no estarías en esta situación de llorar por unas décimas, no? Ánimos que a la próxima seguro que apruebas sobrada.

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