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Descubriendo a Under Armour…

Chic@s hay vida después de Nike o Adidas. Seguro que muchos de vosotros -la mayoría- ya lo sabíais. Pero yo soy así. Voy unos cuantos pasos por detrás en cuanto a marcas se refiere.

Cuando empecé a correr Mizuno o Saucony me sonaban a chino. Polar o Garmin, más de lo mismo. Y en cuanto a ropa, pues poco más allá de Adidas , Nike o Asics.

He de decir que para correr tengo ropa de alguna de estas marcas. No mucha. No soy muy fashion en este sentido, lo justito. La mayoría de las camisetas con las que corro proceden de las carreras a las que me he apuntado. Una muy especial es la de #KmsXAlimentos de los @drinkingrunners.

Pero, obviamente, también tengo mis caprichos. De cara al verano estaba buscando unos pantalones cortos y una camiseta de hombreras. Hay ropa que se me ha quedado grande y necesitaba alguna prenda nueva. El caso es que estuve mirando cositas en Nike y Adidas y me quedé ojiplática. La ropa está claro que es buena, pero los precios son una pasada. Es como lo de las sandalias, a ver, cómo puede costar medio zapato más que un zapato entero…

50, 60 euros… POR UNOS PANTALONES CORTOS. Y bastante normalitos. Vamos a ver, son unos pantalones cortos. Poca tela. Buena, sí, pero poca tela. Vamos a ver, que cuestan lo mismo unas mallas largas o unas pirata.

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En fin, estaba ya dispuesta a tirar la toalla hasta que una marca de la que había oído hablar -poco, la verdad- llamó mi atención. No es que esté tirada de precio. No es la ropa del Decathlon, pero los precios eran bastante más decentes. Os hablo de UNDER ARMOUR.

Pantalones 31 euros y camiseta de hombreras 26,50. Con unos colores que me encantan.

Hoy me he probado el conjunto para salir a correr y estoy más que satisfecha. Nada que envidiar ni a Nike, ni a Adidas ni a Asics. La camiseta muy muy cómoda. Como si no llevara nada. Ligera y muy transpirable. Y los pantalones, también. La única pega, el bolsillo interior. Me daba la sensación de que se me iban a salir las llaves.

Espero tener descubrimientos de este estilo más a menudo.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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