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Por fin he utilizado el remolque para correr

Sigue siendo una mala inversión. Posiblemente de las peores que he hecho en mi corta vida runner. Pero qué queréis que os diga, al menos no me he quedado con las ganas de comprármelo.

2013-05-26 12.29.35 (2)

Hace más de año y medio convencí a Tony para que nos comprásemos un remolque para poder salir a correr con Nicolás. Al poco de comprarlo nos enteramos de que estaba otra vez embarazada así que lo utilizamos -creo recordar- un par de veces y no para correr sino para salir a dar un paseo.

Ha llovido desde entonces y no lo he utilizado ni diez veces. Y las veces que lo he hecho, unas ha sido para salir a dar un paseo y otras para correr.

Sí, seguramente me equivoqué al antojarme de él. Lo he pensado muchas veces. Sobre todo cuando descubrí en el Decathlon una silla diseñada para salir a correr y mucho más barata.

Así que para quitarme este remordimiento me he propuesto utilizarlo, aunque sólo sea un poquito.

Dicho y hecho. Hoy no lo he pensado y lo hemos preparado. La idea era salir con Simón. Le encanta pasear. Pero Nicolás se ha antojado, así que para una vez que le apetecía -aunque sólo fuera porque no montase su hermano- me he ido a correr con él. Y ha aguantado estupendamente. Algo más de media hora y 6 kilómetros. No está mal.

Cuando hemos llegado al barrio he hecho el cambio y me he ido con Simón a correr otros 3 kilómetros.

Y he de decir que he corrido de lo lindo. Ha sido durillo ya que he intentado ir a buen ritmo. Mucho trabajo de fuerza en las piernas y de brazos. Vamos, que aunque no lo parezca me he pegado un buen tute. Y espero repetirlo bastantes fines de semana y, sobre todo, espero que nos lancemos a ir a alguna carrera.

Un ciclista que se ha cruzado conmigo en el camino me ha dicho “hay que ser valiente”. A lo que yo le he contestado, “no, sólo hay que tener ganas”.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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