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¿Qué le pasa a mi rodilla?

Esta tarde y por primera vez en mi corta vida como runner he ido a un fisio.

Como sabéis, durante el segundo embarazo corrí durante el segundo trimestre y aparecieron molestias en la rodilla derecha. Corría una o, como mucho, dos veces por semana. Hasta el tercer trimestre que paré.

Tras el parto -mayo de 2012- y la cuarentena, volví a correr. Y para mi alegría, no había ni rastro de dolor. Rodajes rápidos, largos, fartleks y nada, sin noticias de él. Sin embargo, por sorpresa, en la media de Getafe, en el km 14 apareció. De repente. Y, desde entonces, de manera intermitente, me ha acompañado.

Así que decidí ir al fisio. Y a grandes rasgos, esto es lo que me puede pasar. A ver si consigo explicarlo en condiciones.

Tengo una tendinitis en la rodilla.

Hasta ahí bien. Pero, lo importante, ¿porqué?, ¿qué lo ha provocado?

Aquí hay, en principio, dos posibles causas.

1.- En la imagen veis los huesos que conforman la cadera. Pues bien, el hueso iliaco derecho estaba bloqueado. Vamos, que no se movía, mientras que el izquierdo no lo estaba. Esto ha estado provocando que la pierna derecha no haya estado haciendo el movimiento natural ni a la hora de andar ni, por supuesto, a la hora de correr. Lo que, a la larga se ha podido traducir en el dolor de la rodilla y dolores en la espalda.
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Es posible que durante el parto, cuando los huesos de la pelvis se preparan para que el bebé pueda salir, se quedase bloqueado. Aunque podría haber pasado en cualquier otro momento.

Solución: me lo ha desbloqueado con una maniobra que pensaba que me iba a partir en dos.

Así que las sesiones en el fisio van a ir orientadas a tratar la tendinitis partiendo de que se ha producto por esto.

Seguiré entrenando -tras la sesión de hoy, esta semana más flojo- para ver si se me vuelve a bloquear o no. Si no se bloquea y persiste el dolor de rodilla…

2.- La segunda teoría tiene que ver con el arco plantar. La curva de la planta de ambos pies es diferente. En este caso, tendría que ir al podólogo para que me hiciera unas plantillas.

Hoy me han echo ecografía en la rodilla y masaje en el cuádriceps a saco paco. Además de agujas -al principio no me atrevía, qué miedito-, ultrasonido y estiramiento a tope del cuádriceps derecho.

Los deberes para esta semana.

Mañana, obviamente descansar. Todos los días estiramientos de cuádriceps, psoas e isquitibiales y fortalecer el cuádriceps -extensores de rodilla, creo que los ha llamado.

La semana que viene, el viernes, vuelvo. Y para comprobar que el hueso iliaco siga en su lugar, tengo que meterme una sesión fuerte de entrenamiento.

Seguiremos informando…

P.D. Mi primera vez en el fisio ha sido toda una aventura. Espero animarme un día y os la cuento.

Desde aquí gracias a Pablo de Fisioactiva. Se ha portado fenomenal conmigo, explicándome todo en todo momento y aguantando mis caras de pánico cuando me ha mencionado lo de las agujas.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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