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Exitazo de la 3ª quedada #mujeresquecorren

El sábado fue una mañana perfecta.

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Después de mucho tiempo volvía a salir el sol que nos permitió disfrutar a tope de la tercera quedada de #mujeresquecorren

Como bien decía ayer mi compi runnera María en su blog, este tercer encuentro demuestra que no estamos ante un movimiento puntual. #mujeresquecorren se ha convertido en la excusa perfecta para hacer lo que más nos gusta, correr, encontrarnos y conocer a muchas locas del running y, sobre todo, aportar nuestro granito de arena a una buena causa, la lucha contra la leucemia infantil.

Porque #mujeresquecorren se ha convertido en algo grande, motivador y solidario. El sábado casi 300 mujeres corrimos por Miguel, y volveremos a hacer por él y por quienes, tristemente, como él, se enfrentan a esta enfermedad.

Fue una mañana preciosa de reencuentros, de rodajes y de charla runnera. Allí nos juntamos María Caballero, Ana Fuertes, Almudena Casas, Loli, María Luisa… y tantos nombres que me dejo -madre mía qué mala es mi memoria-. A todas espero volver a veros en la próxima.

Por supuesto a Cristina Mitre, las hermanas Sanfabio y Eva Tomé, las impulsoras de este gran movimiento.

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37063_527518460632653_459360845_nEchamos de menos a mucha gente. A Belén, un desafortunado contratiempo la impidió estar con nosotras. Todo nuestro apoyo a Rai. También echamos en falta a Ana Ledesma, Mónica Tejada, Mónica Arce y Diana Villanueva. Algún día nos veremos chicas. Esto es muy grande.

Fue fabuloso, por fin, poner cara a más Drinkingrunners. Un grupo la mar de majo de corredores solidarios. Ellos, como por arte de magia, transforman #KmsXAlimentos otra gran iniciativa con la que ya han conseguido varios miles de kg de alimentos. Alberto Barrantes -alias El Tío del Megáfono-, Javier Álamo, Javi Carmona, Pablo Carmenado, Jose Lara… (creo que no me dejo ninguno), fue un placer conoceros -bueno, a Alberto ya le conocía-.

Al resto del equipo espero poder conocerlos el próximo 25 de abril, a tres días de MAPOMA. Son el buen rollo, la alegría y el cachondeo personificados.

Es muy probable que penséis que se nos va un poco la pinza, que si no tenemos otra cosa mejor que hacer. Posiblemente si lo piensas tenemos formas muy diferentes de entender este deporte, tan solitario y duro en tantas ocasiones. Poder compartir esta ilusión no tiene precio y poder luchar por una buena causa tampoco.

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Puedes buscar las excusas que quieras. Para correr como para ayudar. Seguro que siempre encuentras alguna que te impide hacer las dos cosas. Pero si lees esto, intenta, aunque sólo sea por una vez, encontrar una excusa para hacer ambas cosas. No es tan difícil. Y si necesitas ayuda para empezar… ya sabes, #mujeresquecorren

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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