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Media de Segovia, rompepiernas no, lo siguiente

Esta mañana me he levantado y ando como Robocop. Agujetas por todas partes: cuádriceps, gemelos, hombros… Lamentablemente, también me duele la rodilla derecha, y bastante. Así que un poco de Voltarén y una gran dosis de paciencia.

No tengo ningún objetivo a corto plazo, así que la daremos un poco de descanso.

Antes de entrar a valorar la carrera me gustaría dar las gracias a toda la afición que ayer salió a las calles para animarnos. Un 10, un sobresaliente. La lluvia tampoco frenó a miles de personas que se volcaron, como siempre, con todos nosotros. A todos y cada uno de ellos. MIL GRACIAS. MIL GRACIAS también a los voluntarios. Otro 10. No hubo ningún tipo de contratiempo a la hora de dejar y recoger la mochila y el despliegue de voluntarios fue espectacular.

En mis carreras nunca faltará mi granito de arena para luchar contra la leucemia infantil

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Y ahora vamos al tema.

La carrera de ayer fue realmente dura. Terminé ligeramente por debajo de 1:55:00 pero sigo preguntándome si podría haber arañado algunos minutillos. Da igual si llegas coja o echando de todo por la boca. Una vez que has terminado, te has duchado y comentas la jugada, empiezas a darle vueltas y hasta a mosquearte por no haber sido capaz de haber dado un poco más.

Analizando fríamente la carrera, tres fueron los factores que jugaron en mi contra.

1.- La rodilla. Tras las molestias de Getafe, he temido que la rodilla no me dejara correr a gusto la Media de Segovia. En los entrenamientos me había respetado. Más o menos. Sólo había notado alguna molestia en los rodajes largos cuando metía más caña de lo normal. Pero ni en los fartleks, ni resto de rodajes me había molestado.

Así que esperaba molestias, pero no tan pronto. En el km 3 me dio el primer aviso –¿tan pronto?, pensé-. No me lo esperaba y lamentablemente condicionó el resto de la carrera ya que me dio miedo apretar y no poder terminar. Sabía que en torno al km 17-18 estarían mis padres con los niños, mis amigas, mis hermanos, tenía que terminar. Los dolores nunca fueron demasiado intensos como para tener que parar, pero me acompañaron toda la carrera.

2.- El recorrido. Me hace mucha gracia algunos comentarios que empiezo a ver en Internet en torno a los tiempos que se hicieron ayer en la carrera. En plan, “el año que viene voy yo y gano”. Pues aquí te esperamos porque ‘lo vas a flipar’.

A diferencia de ediciones anteriores, el recorrido ha cambiado. Aparentemente me parecía más asequible, dado que se eliminaba una gran cuesta –unos dos km de subida-. Pero ya me había advertido mi marido que el nuevo trazado iba a ser mucho más chungo: muchas más calles estrechas, muchísimos adoquines  -es horrible correr sobre este tipo de superficie, se te carga todo-  y unos cambios de dirección de 180º – 360º. Las articulaciones iban a sufrir mucho.

Mucho casco histórico para al final, acabar subiendo tanto como si no hubieran cambiado el recorrido.

Esperaba poder coger un buen ritmo durante los últimos 5-4 km. Pero resultó bastante complicado. Tras una subida dura, apenas tenía tiempo de recuperar porque de nuevo tocaba subir. Luego girar, volver a subir. A mis piernas no les daba tiempo a acomodarse en un ritmo. Estaba muy agarrotada y llegué a cabrearme. A las molestias en la rodilla se sumaron molestias en los tobillos. En definitiva, tenía las piernas más cargadas que la metralleta de Rambo.

A falta de dos kilómetros y calada hasta los huesos ya solo pensaba en terminar.

Siempre que puedas, no olvides sonreir

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3.- La lluvia. No me asustaba la lluvia. He salido a entrenar muchas veces cuando llovía. Pero ayer, la lluvia no nos dio ni un solo respiro. Estuvo cayendo agua durante toda la carrera.  Muchos charcos, miedo a resbalar y la dificultad de mantener el calor en las piernas. Quizás durante 10km es más llevadero, pero durante 21 acabas muy entumecida. Sin olvidar la peligrosa combinación lluvia+adoquines.

Como veis, demasiados factores en contra para intentar mejorar marca. Mi mejor tiempo fue 1:52:00. Pero eso no quita que siempre te quede la espinita de haber intentado dar un poco más –aunque lo más probable es que no pudiera-.

La Media de Segovia siempre ha sido una carrera bastante dura. Rompepiernas, suele decirse. Pero con el cambio del recorrido –nada acertado, en mi opinión- vas un paso más allá ya que es una carrera en la que te arriesgas a lesionarte. Y eso no me interesa.

Cuando las cosas se complican, todo es más ameno en compañía

Ahora toca fijarse otros objetivos. Iré a por carreras de 10km para intentar mejorar tiempos.

Y el año que viene, ya se verá si repetimos en Segovia o nos buscamos otras. Desde luego, con este recorrido, y sintiéndolo mucho, no repito.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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