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Nuestros atletas nos hacen vibrar y soñar

Esta tarde hemos vibrado en el sofá por partida doble.

Este fin de semana se disputa en Goteborg el Europeo de Atletismo de pista cubierta.

Aprovechando que los pequeñajos se estaban echando la siesta nos hemos relajado en el sofá para ver un poco de atletismo. Y hemos votado en más de una ocasión.

Con las clasificaciones para la final de 800 de Luis Alberto Marco (@Marco800) y Kevin López (@kevinlopezyerga) pero especialmente con las medallas de plata de Isabel Macías en 1.500 (@Macias1500) y Juan Carlos Higuero en 3.000 (@Higuero_JC).

Una pena la baja de Natalia Rodríguez (@Nat_ROMA) en la final del 1.500 junto a Macías. Estoy segura de que habríamos hecho doblete.

A todos enhorabuena. A los que estáis allí y a los que no. A los que habéis pasado a la final y a los que no. A los que os llevaréis medallas y a los que no. Por todos vosotros siento gran admiración. Por vuestro sacrificio diario y el duro trabajo que no siempre da sus frutos. Por seguir adelante pese a las críticas, pese a la falta de medios.

Gracias por todas las alegrías que nos dais y que no todo el mundo sabe apreciar.

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Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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