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Miedo a las lesiones

Qué jodido es lesionarse.

Hace poco más de un mes, antes de enfrentarme a la Media Maratón de Getafe y tras leer los tweets de compañeros runners lesionados pensé que era una afortunada porque nunca me había lesionado.

Y es cierto. Sólo he tenido pequeñas molestias. Pero nada que me hiciera parar.

Así que he sufrido -espero que el problema ya esté solucionado- en mis propias carnes lo que es tener que parar por culpa de una lesión. Leve, pero al fin y al cabo lesión.

Te sientes impotente. Te da rabia. Porque a los que nos gusta correr no nos fastidia tener que parar por causas de fuerza mayor. Nosotros decidimos cuándo no corremos. Y jode -hablando mal- tener que hacerlo por culpa de algo que no controlamos.

Pero esto no es lo peor. Sino el no saber cuándo desaparecerán las molestias. El miedo a ponerte las zapatillas y que el dolor siga ahí. El miedo a que el dolor aparezca a los cinco, diez o quince minutos de rodaje.

Si supiéramos que es cosa de una semana, un mes, dos… pararíamos, cambiaríamos el chip y ya está. Pero no lo sabemos. Y es esa incertidumbre a la que no dejas de darle vueltas. Llegas a pensar ¿y si no se cura y tengo que dejar de correr? Menuda pesadilla.

Así que me siento afortunada -toco madera por si las moscas-. He salido dos días a rodar suave y no he tenido molestias en la rodilla derecha. Estoy contenta pero tampoco quiero tirar las campanas al vuelo.

Poco a poco. Las prisas no son buenas y aunque la Media Maratón de Segovia ya está a la vuelta de la esquina es mejor no pasarse de frenada porque lo importante es llegar.

Mañana y el miércoles descanso. El jueves volveré a rodar. Si sigue sin haber noticias de las molestias, ampliaré algo el rodaje.

Seguiremos informando.

Desde aquí todos mis ánimos para algunos compis que andan un poco tocados como @Raimundo_Z , @Johnny_ofi o @Romana40 y mil gracias a toda la familia runner que tanto se preocupa por los demás.

Besos y abrazos para todos

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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