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Qué hacer con la rodilla chunga

Como sabéis, terminé la Media Maratón de Getafe con la rodilla derecha tocada. Es la misma molestia que tenía cuando corría estando embarazada.

Descansé varios días. De domingo a viernes ya que la gran @cristinamitre había organizado una quedada de #mujeresquecorren junto a las hermanas Sanfabio y no me lo quería perder.

El encuentro fue fantásticos pero terminé, de nuevo, con la rodilla chunga.

Lo malo, que tendría que tomarme de nuevo unos días de descanso. Los bueno, que el sábado apenas me molestaba.

Tengo que reconocer que en esto de correr siempre he tenido mucha suerte. En los casi siete años que llevo dándole a la zapatilla no recuerdo ninguna lesión importante. Sólo en una ocasión tuve que aflojar un poco, al principio de comenzar a correr, porque me dolían los talones de aquiles.

Aparte de eso. Poco más. Quizás alguna molestia en los codos cuando hacía cuestas y tocaba tirar mucho de brazos, pero nada importante.

Así que no estoy acostumbrada a lesionarme y tampoco a para por culpa de una lesión -obviamente durante los embarazos tuve que bajar el ritmo o aparcarlo directamente-.

Dado que las molestias en la rodilla no son o no parecen preocupantes, me he buscado un plan B. No es plan de quedarme en casa de brazos cruzados.

Queda poco más de un mes para la Media Maratón de Segovia y no puedo quedarme de brazos cruzados.

El sábado tocó descanso pero éste está siendo el plan para la semana. Toca gimnasio.

Domingo: 15 minutos de calentamiento en la elíptica y máquinas para trabajar un poco cuádriceps, isquios, gemelos y también algo de brazos. Abdominales. 10 minutos más en la elíptica de vuelta a la calma y a estirar.

Lunes: descanso

Martes: 30 minutos de elíptica. Abdominales. 10 minutos de elíptica. Estiramientos.

Miércoles: descanso

Jueves: 30 minutos de elíptica. Abdominales. 10 minutos de elíptica. Estiramientos.

Viernes: descanso

Sábado: 15 minutos de calentamiento en la elíptica y máquinas para trabajar un poco cuádriceps, isquios, gemelos y también algo de brazos. Abdominales. 10 minutos más en la elíptica de vuelta a la calma y a estirar.

Domingo: vuelta al partque. Trote suave. 20 minutos

Ya os contaré. Estoy que me muerdo las uñas. Menos mal que un inesperado e insoportable dolor de muelas ha hecho que me olvide un poco de la rodilla.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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