0

#mujeresquecorren no lo pienses, corre

Estoy convencida de que en más de una ocasión has pensado en salir a correr.

Cuando dabas un paseo por el parque y viste a alguien corriendo. Cuando estabas en casa aburrida viendo la tele. Cuando hiciste la lista de propósitos para el nuevo año.

Supongo que en alguna ocasión diste el paso. Te pusiste las zapatillas y saliste a correr.

Supongo que cuando llegaste a casa después de haber corrido apenas 10 minutos te querías morir.

Supongo que las agujetas del día siguiente también te quitaron de la cabeza volver a intentarlo.

Supongo que meses más tarde volviste a hacerlo con resultados muy similares.

Supongo que no lo has vuelto a hacer más. Y no eres la única que ha tirado definitivamente la toalla. .

Muchas nos hemos sentido como tú. Hemos odiado salir a correr. Porque los comienzos son muy duros. Te duele todo. Sufres. Te cuesta respirar y te preguntas, ¿pero merece la pena?

Pues sí. Porque un día, sin saber muy bien cuándo, ya no te cuesta respirar. Los 10 minutos  ahora son 20. Luego 30, luego 40…

Y sin saber cómo, ha pasado una semana. Un mes. Un año. Siete años.

Y aquí estamos. Somos muchas las que no solo no hemos tirado la toalla sino que correr forma parte de nuestras vidas como comer o dormir.

Hace unos minutos me preguntaba un compañero. Pero tú, ¿por qué corres?, ¿qué sientes?

Y no sabes muy bien qué contestar. Será porque me siento bien por dentro y por fuera. Por la sensación de satisfacción cuando llego a casa después de una buena paliza. No sé muy bien por qué. Sólo sé que no puedo parar. Que si no corro, me falta algo.

Cada vez somos más #mujeresquecorren -#hombresquecorren también, pero siempre han sido muchos más. Así que no lo pienses -como diría el gran @chemitamartinez- corre

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *