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A cinco días para la media de Getafe

El tiempo pasa volando. El próximo domingo toca la Media Maratón de Getafe después de que los compis runners de Paracuellos me picaran y me animaran a correrla -Cristina, Clara, Johnny, Gonzalo y Pablo-. Espero veros por allí aunque sé que

Es la primera vez que corro allí pero será mi cuarta media maratón. Y he de confesaros que la prueba me da muchísimo respeto.

Todavía tengo fresco el recuerdo de mi última media en Segovia -la tercera-. Me desfasé un poco y lo acabé pagando. Vamos, que llegué lo que se dice jodida jodida. Y no quiero que me vuelva a pasar porque se pasa realmente mal. Con calambres desde el kilómetro 14 aprox.

El domingo realicé mi última sesión de entrenamiento -un rodaje suave y a estirar– y esta semana no quiero meterme caña. Mañana, con un poco de suerte tocará un rodaje mañanero  y fresquete -igual corro sobre la nieve y todo-. Y poco más excepto estiramientos. Así, con calma, jajaja.

Estoy nerviosa qué queréis que os diga. No sabes cómo te responderá el cuerpo y no son 10km. Son muchos más y como el cuerpo no esté por la labor tocará sufrir.

¿Mi objetivo? Obviamente, si las cosas se dan mal, acabar la prueba, que no es poco. Si el cuerpo responde, 1:50:00 estaría bastante bien. En Segovia mi mejor marca fue 1:52:00 y es una prueba bastante dura llena de cuestas.

Los deberes ya están hechos. He conseguido ser bastante constante en los entrenamientos y salir cuatro veces por semana. Trabajando, con dos niños, piscinas, lavadoras, compras, etc, etc, etc, no está mal no? Eso pienso yo.

Ahora sí que sí, comienza la cuenta atrás… Tic, tac, tic, tac…

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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