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Ni la ciclogénesis, ni la lluvia, ni el viento… nada nos para

Ha sido un fin de semana duro para entrenar.

El sábado nos despertábamos en Madrid con muchísimo viento y mucha lluvia. Vamos, que había que sacar muchas ganas para poder seguir con los entrenamientos. Os recuerdo que en una semana es la Media Maratón de Getafe.

Así que fue todo un subidón coger el móvil y leer en twitter que la gran familia de runners a la que tengo el placer de seguir no estaba dispuesta tirar la toalla. Había a quienes les tocaba rodajes largos, a otros series… Y todos cumplieron.

Y yo, no iba a ser menos. Así que el sábado tocó un rodaje rápido tras el fartlek del viernes. Y el domingo, rodaje de recuperación después de dos sesiones fueres y estiramientos, que los tengo un poco aparcados.

Posiblemente, entre noviembre y marzo son los peores meses para entrenar. Anochece pronto, hace mucho frío… Pero lo importante es no tirar la toalla y estar al pie del cañón. Poder echar la vista atrás cuando llega el buen tiempo y estar satisfecho por todo el camino recorrido.

Ya queda menos para que mejore el tiempo. Así que ánimo a todos y si en algún momento decaen, coged el móvil y dejaros contagiar por las ganas de todos los runners que cada día comparten experiencias y siempre tienen palabras de ánimos para todos. Es muy fácil buscar excusas para estar tirado en el sofá. Pero nosotros estamos hechos de otra madera.

Gracias chicos.

Ni la ciclogénesis, ni la lluvia, ni el viento… nada nos para

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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