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Hoy me siento como John Wayne, ¡qué manera de andar!

El sábado me metí ‘pal’ cuerpo 14 kilómetros. En el kilómetro 10, las sensaciones me indicaban que al día siguiente iba a tener, por lo menos, agujetas.

Y así fue, el domingo me he levantado con los cuádriceps y adductores ‘tocados’. Agujetas, sin lesiones. Así que bien. Podéis imaginarme bajando las escaleras en plan John Wayne…

Pero unas agujetas no pueden conmigo. Hoy tocaba gimnasio, pero me lo he saltado. Intentaré escaparme un día entre semana. En cambio, he salido a rodar unos 30 minutillos. El cuerpo me pedía soltar un poco en lugar de darle a las máquinas. Así que lentito -6min/km, o sea 5km- para soltar un poco y estirar bien.

Llevo desde julio corriendo, ¿a cuento de qué vienen ahora las agujetas? Durante las Navidades no ha habido muchos excesos. Al menos de comer porque entrenar he intentado salir todo lo que he podido. Sin embargo, no ha habido ni fartleks ni rodajes largos. Y parece cierto lo que dicen, que si siempre haces lo mismo, el cuerpo se acostumbre. Me imagino que esto explica las molestias.

Y ya sólo quedan dos semanas para el Medio Maratón de Getafe. Así que esto va a ser un visto y no visto porque la semana previa a la prueba será bastante flojita en cuanto a entrenos.

Con mucha suerte, esta semana sacaré cuatro días, pero nunca se sabe. Tendré además que trabajar el aspecto psicológico porque pueda parecer una tontería, la cabeza te puede jugar una mala pasada. Y no me gustaría.

Seguiremos informando…

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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