0

Que la lluvia y el frío no te paren

No lo pienses. Hazlo.

Está claro que no todos los días se dan las mejores circunstancias para salir a correr. A veces hay que madrugar o salir a última hora de la tarde. Otras veces llueve o hace demasiado frío o calor… En esos días, salir a correr implica fuerza de voluntad y refleja la pasión que mucho de nosotros sentimos por el running.

yo

En estos días es mejor no pensar, no sentarse en el sillón, no buscar excusas. Hay que calzarse las zapatillas y salir a rodar. Cuando mayor es el sacrificio o la entrega, mayor es la satisfacción. Te sientes especial, una campeona.

Así me he sentido yo hoy.

Inicialmente tenía previsto pegarme el megamadrugón y salir a correr antes de ir a currar. SIn embargo, como parece que ahora tarda más de lo normal en amanecer -jajaja-, y dado que hoy venían los suegros a echar un cable, he decidido ir primero al curro y salir a correr más tarde.

Esta mañana la temperatura acompañaba. Hacía muy buen tiempo. Sin embargo, se ha empezado a torcer a medida que pasaba el día. Viento, lluvia… al menos el frío no era tan intenso como el de los últimos días.

He llegado a casa, he ido a por los peques y sin pensarlo dos veces me he puesto las zapatillas, las mallas largas, la camiseta que nos dieron en Paracuellos y el cortavientos y a rodarrrr.

Durante los primeros dos kilómetros he llegado a arrepentirme de llevar tanta ropa. Pero he cambiado de opinión cuando me he encontrado de cara con el viento.

Durante la primera vuelta al parque -unos 4,4km- la lluvia me ha respetado pero durante la segunda parte del entrenamiento me he mojado. Afortunadamente la lluvia era muy fina y no me ha molestado demasiado.

Al final 8,8km y un buen ritmo. A 5 minutos el kilómetro. Contenta y satisfecha. Mañana más…

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *