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Muy buenas sensaciones: 15km a 5,44

Una vez más, he tenido suerte. Tocaba rodaje largo y no ha llovido. Las nubes han esperado a que llegase a casa para descargar todo lo que han podido.

Como ya hice el sábado pasado y previsiblemente haré los próximos sábados, he comido relativamente prontito con Nicolás. Un buen plato de pasta -me he puesto fina fina- para coger energías porque tocaba una tirada larga.

La siesta de los sábados ha pasado -al menos de momento- a mejor vida. A las 15:30, en cuanto ha llegado Tony, me he calzado las zapatillas y a rodar.

Algo más de 15km a 5,44. No está mal para un rodaje lento, lo que me ha hecho dudar de si el pulsómetro estará bien calibrado.

Me he sentido realmente cómoda corriendo. Me sentía bastante ligera. De hecho, he tenido que echar el freno en algún momento porque se supone que era un rodaje largo pero lento. Las pulsaciones han estado bajo control. Ligeramente por debajo de 150, aunque al final se me han subido un poco.

Aunque todavía queda mucho para la Media Maratón de Segovia, este tipo de rodajes me animan muchísimo. El ritmo no está mal y la distancia de los entrenamientos largos, tampoco. De hecho, una vuelta más y habría completado una media.

Sólo algunas pegas.

Como estos días ha estado lloviendo tanto, me ha tocado evitar algunas zonas del parque y rodar más de lo que me gusta por asfalto. Las piernas se cargan más y se nota.

Durante la baja por maternidad me he acostumbrado a salir a correr por las mañanas -quién me lo iba a decir- y he notado el estómago algo pesado. Normalmente soy de digestiones complicadas. Me da igual lo que coma que siempre me repite. Lo que no es nada bueno a la hora de correr. Como no iba a tope, he podido salir al paso.

Nada más empezar a correr -no llevaría ni 200 metros- he notado una molestia en la parte trasera de la pierna derecha -igual el isquiotibial-, pero afortunadamente ha desaparecido a los pocos segundos.

Casi al finalizar he tenido otra en el gemelo derecho. Pero igualmente ha desaparecido muy rápido.

En casa sesión de estiramientos y a disfrutar de la familia.

Si quieres, puedes.

 

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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