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Balance de octubre: casi 170 km (tiradas largas, rápidas, fartleks y gimnasio)

Me he portado bien durante el mes de octubre y he hecho los deberes en cuanto al entrenamiento se refiere. Incluso durante la última semana que he comenzado a currar.

Ahora empieza lo bueno y tendré que ver si soy capaz de seguir adelante con el plan de entrenamiento que tengo marcado y que contempla, al menos, cuatro sesiones de entrenamiento.

He hecho unos 170km entre rodajes largos, rápidos, fartleks y gimnasio -en el gimnasio he rodado como mucho 4 kilómetros entre calentamiento y vuelta a la calma-.

Las sensaciones y los resultados no pueden ser mejores.

En los rodajes rápidos estoy consiguiendo bajar de 5,30 min/km. Todavía queda mucho camino por recorrer hasta llegar a los 5 minutos pero por algo se empieza.

Además -y no menos importante-, ya he recuperado completamente la forma física anterior al embarazo -52,5 kilitos-. He recuperado mi peso -correr con unos kilos de más también se notaba.

El regreso al curro no ha podido ser más positivo. He aterrizado con muchas fuerzas y ganas y, de momento, cuando llego a casa parece que sigo con energía.

Tendré que ver cómo me organizo en función del curro, los horarios de los peques y las ganas que me queden.

Mi cuerpo se ha acostumbrado a entrenar por las mañanas -quién lo diría porque yo era de salir por las tardes- y algún que otro entrenamiento caerá antes de ir a trabajar. Tener que madrugar no es ninguna pega. Con el cambio de hora amanece antes, mientras que por la tarde me tocaría rodar de noche.

El próximo objetivo son los 10km de Paracuellos del Jarama. Un auténtico rompepiernas pero una carrera que me encanta -ésta será la tercera vez-. Es muy dura y quizás por eso es tan grande la satisfacción que tienes cuando entras en las pistas de atletismo para llegar a meta.

Estreno noviembre llena de fuerza.

Como diría @cristinamitre RUN BABY RUN……….

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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