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La lluvia me da un respiro: rodaje a toda pastilla

Hoy tocaba de nuevo entrenamiento tras el rodaje largo del lunes.

Ya antes de levantarme las cosas no pintaban muy bien. Estaba lloviendo y bastante.

Cuando he llevado a los niños a la guardería prácticamente me había quitado de la cabeza la idea de salir a rodar. Sin embargo, apenas media hora más tarde, ha dejado de llover.

Así que no lo he pensado dos veces. Me he cambiado y a rodarrrrrr antes de que volviera a llover.

Ha sido un buen rodaje. 54 minutos. Aunque como el acelerómetro sigue sin pilas, no sé a qué ritmo he corrido. Pero las sensaciones han sido muy buenas y creo que el ritmo también. He ido fuerte, calculo que en torno a 5:40.

Imagino que la posibilidad de que se pusiera a llover en cualquier momento también me ha hecho pisar el acelerador. A lo que se han sumado las enormes ganas por salir a correr.

Por culpa de la lluvia he tenido que modificar el recorrido del rodaje. Cuando corro por el Parque de las Cruces siempre corro sobre arena. Pero hoy el terreno estaba muy mojado así que he tenido que correr por las aceras y el carril bici para poder bordear todo el parque. En total dos vueltas.

Parece que las sesiones de gimasio comienzan a dar sus frutos ya que a pesar del rodaje largo del lunes, mi cuerpo y mis piernas han respondido hoy muy bien.

Tengo que poner a punto el pulsómetro para comprobar realmente a qué nivel me encuentro.

De momento estoy siendo bastante constante con dos de mis propósitos para mejorar como runner: he dicho adiós a la música (excepto en las sesiones de gimnasio) y estiro tras cada sesión de entrenamiento (y se nota mucho).

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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