0

Cuando fiarse del pulsómetro no es la mejor idea (escucha tu cuerpo)

Tener un pulsómetro para correr está bien.

El mío es un Suunto T4. Estoy muy contenta con él aunque soy consciente de que le estoy sacando muy poquito partido.

Te permite controlar las pulsaciones y no pasarte de frenada y si además va a compañado de un acelerómetro o GPS puedes hacerte una idea de la velocidad a la que realizas los entrenos y ver cómo va siendo tu progresión.

Además, viene bastante bien los cambios de ritmo como los fartleks y las series, ya que puedes controlar los ritmos a los que corres y tu capacidad de recuperación.

No obstante, ten encuenta varias cosas:

1.- Asegúrate siempre de que está bien calibrado. En ocasiones pueden medir mal la distancia por lo que los ritmos de carrera tampoco serán reales. Para hacerlo correctamente conviene acercarse a unas pistas de atletismo donde te asegurarás de tener bien medidas las distancias.

2.- No olvides que las pilas se gastan. Si llevas unos meses con el pulsómetro y has entrenado con frecuencia su desgaste también puede darte problemas a la hora de mostrarte los ritmos y las pulsaciones.

3.- No olvides escuchar las sensaciones y señales que te envía tu cuerpo.

No es raro que nos dejemos llevar por los datos que nos aporta el pulsómetro, en especial, por los ritmos de carrera y pinchemos tanto en rodajes como en carreras populares.

Y hablo desde la experiencia.

En la última Media Maratón de Segovia que hice me pasé de frenada lo que, unido a otros factores -no cené ni desayuné adecuadamente-, me complicó muchísimo la carrera.

Mi objetivo era bajar de 1:50:00 e intentar rodar en torno a 5 minutos el kilómetro. No había calibrado el pulsómetro en mucho tiempo. Comencé bastante fuerte. Al ritmo deseado. Pero lo que no sabía era que en realidad estaba corriendo más rápido de lo que pensaba como comprobé tras calibrarlo un par de meses más tarde.

Me pasé de frenada y mi cuerpo lo notó ya en el km 7. Tuve que aflojar mucho. Incluso pensé en retirarme. Pero seguí adelante. En el km 14 aparecieron los calambres pero decidir llegar hasta el final. Al final hice un tiempo muy parecido al de mi Media anterior, pero con mucho más sufrimiento.

Seguramente si hubiera escuchado mi cuerpo no me habría emocionado tanto y quién sabe si hubiera conseguido mi objetivo.

Hoy he salido a correr. La cinta que mide las pulsaciones se está quedando sin pilas y al acelerómetro le pasa más de lo mismo. Así que he tenido que guiarme por las sensaciones. Y menos mal.

Como tengo medida la distancia del recorrido que hago, cuando he llegado a casa he podido comprobar el ritmo del rodaje: 5,5 min/km frente a los más de 6,3 min/km que me ha marcado el pulsómetro.

Así que no está mal.

Mañana toca gimnasio.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *