0

Un rodaje desastroso. Aún así 7km

Hoy me he cabreado bastante. No estoy ni mucho menos en mi mejor estado de forma pero hoy he salido a correr con un contratiempo con el que hacía mucho tiempo no me encontraba: problemas de estómago.

Desde que di a luz he estado saliendo a entrenar por las mañanas y mi cuerpo ya se ha olvidado de salir por las tardes.

No me ha hecho bien la digestión de la paella que nos hemos comido en la Isla de Tabarca y casi cuatro horas después me seguía dando guerra.

A pesar de ello hemos decidido salir a rodar.

Ya desde el principio he notado que no iba a ser fácil. Mucha acidez y la comida en la garganta. Incluso con ganas de vomitar.

Íbamos en torno a 5’30 el km. No es para tirar cohetes pero ahora para mí es un ritmo bastante aceptable.

Los primeros 20 minutos más o menos bien. Pero después he comenzado a bajar bastante el ritmo.

El estómago iba a peor y encima aparecía un dolor muy molesto en el costado izquierdo.

A los 40 minutos he tirado la toalla bastante cabreada. Pero no quedaba otra.

Así que sólo puedo decir que mañana más y mejor.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *