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Señora Botella, con la salud no se juega. Agua en las fuentes de Madrid ya

El año pasado escribí un post
indignada ante la práctica ausencia de fuentes con agua en el Parque de Las Cruces de Madrid, donde habitualmente corro.

Esta situación me indigna bastante, especialmente en verano. Los corredores no tenemos ni un solo sitio donde refrescarnos. Pero tampoco lo tienen los niños que juegan en los parques ni los ancianos que salen a pasear ni nadie.

Me parece un tema bastante serio. No olvidemos además que desde el Ministerio y Consejerías de Sanidad no se cansan de repetirnos que tengamos cuidado con el calor y nos hidratemos.

Pues permitanme que les diga que me niego a salir a correr con una botella en la mano por varias razones:

1- No entiendo que no haya agua en las fuentes. No digo en todas. Pero al menos en algunas.

2- Además de ser muy incómodo, a los dos minutos se ha calentado el agua.

He subido las fotos que hice el año pasado básicamente porque la situación se repite.

Señora Botella, con la salud no se juega.

No consigo entender por qué se empeñan en cerrar las fuentes. Supongo que por ahorrar, teniendo en cuenta el agujero negro que ha creado en las cuentas públicas de la ciudad por una chapuza de gestión.

Como dije el año pasado, no tengo informes ni datos para estimar cuánto se puede estar ahorrando exactamente con el agua de las fuentes. En mi opinión, la salud no tiene precio y con ella no se juega.

Sé que este post servirá entre 0 y nada, pero lo siento, no puedo callarme ante lo que me parece impresentable.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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